•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

Se identifica como Héctor. Critica mi artículo “A cien años del Córdoba” (END 16.06.12). Oigámosle: “Me pareció históricamente interesante tu artículo, pero debés cambiar tu idiosincrasia de ese odio que hay en vos. Al parecer, no manejás datos demográficos de Nicaragua donde la población mestiza ronda por el 70%... curiosamente tenés apellido Aragón, el cual es el nombre de una comunidad en España. Hay que estudiar más geografía y manejar datos de nuestra identidad sin escribir a base de resentimientos del pasado. Nuestra moneda se debería llamar Darío en alusión a Rubén Darío con quien sin duda nos sentimos todos plenamente identificados”.

Aclaro: Idiosincrasia es el temperamento por el cual nos distinguimos unos de otros. “Todo hombre habla, obra y se conduce en la vida según su carácter propio”, dice Aristóteles.

¿Quién sembró el odio en América? “Más grande es el odio que nos ha inspirado la Península que el mar que nos separa de ella”, dijo el Libertador Bolívar en su “Carta de Jamaica” de 6 de septiembre de 1815. Para hablar de mestizaje, yo sugeriría a Héctor buscar en “Internet” mis artículos publicados en END: “La conquista vista desde España”, de 12 de octubre del 2000, “Día de la Raza… ¿Cuál raza?”, de 4 de noviembre del 2000, y “Los rapsodas de la ignominia”, del 20 de julio de 2002.

Instruyo al crítico. Tanto en la antigua Roma como en los Estados Unidos, los esclavos tomaban para sí los apellidos de sus amos, de manera que no soy culpable de que un antepasado mío haya tomado el apellido de su amo que ha llegado hasta mí. Por otra parte, Aragón no es una comunidad, fue un reino al N.E. de España integrado por las provincias de Zaragoza, Huesca y Teruel que se unió con Castilla en 1479 mediante el matrimonio de Fernando de Aragón con Isabel de Castilla. En cuanto a nuestra identidad, me siento orgulloso de ser uno de los pocos que aún la conservan en este país, y es por eso que escribo como escribo.

Nuestra moneda debería llamarse Diriangén, ya que no puedo sentirme “plenamente identificado” con quien ha ofendido al pueblo, a la clase obrera y a la raza negra. En su artículo “Un meeting político” de 4 de octubre de 1899, dice Darío: “No gusto mucho del contacto popular así sea coronado del frigio pimiento morrón. La muchedumbre me es poco grata por su rudeza y con su higiene”. El pueblo hedía para él, y no lo quería ni coronado con el gorro frigio símbolo de la libertad usado por el pueblo francés durante su revolución. En su artículo “Dinamita”, de 1893, usando un lenguaje prestado a Voltaire, dice refiriéndose a la clase obrera: “Cada vez que la canalla alza una bandera pronuncia esa palabra: Democracia. Y es esta la divinidad que convertida en Gorgona ha atizado por todas partes las hogueras”.

“Si la canalla se pone a filosofar, todo está perdido”, decía Voltaire, y en carta dirigida a su amigo Federico rey de Prusia en 1757, le advertía: “no educar a la canalla indigna de ser esclarecida y para lo cual todos los yugos son buenos”.

Consultado el Diccionario de Sinónimos y Antónimos, este nos dice qué cosa es un canalla: “Despreciable, pillo, bribón, sinvergüenza, bellaco, hampón, rufián, perdido, indigno, chusma, gentuza, populacho, masa”. Canallas los hay en todas las clases sociales. Cualquiera que se precie de ser hombre que conoce lo que es dignidad, y de poseer autoestima, no podrá jamás lamer los pies de quien le infiera una injuria; además, hay que ser empático, sentir por uno y por los demás.

Viniendo para Nicaragua en 1909, en Panamá, dice Darío: “Desde vuestro banco del salón de espera podés leer en inglés sobre dos puertas de cierto lugar indispensable: Para señoras blancas, y Para señoras negras. Detalle de higiene física y moral, que desde luego hay que aplaudir”. ¿Cómo puede expresarse así un hombre que tanto habla de Dios, de seres que fueron creados por el mismo alfarero que lo hizo a él? ¡Roma locuta, causa finita!

*Escritor autodidacta

Teléfono: 2268-9093