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El lenguaje convencional comprende todas aquellas expresiones que responden a construcciones fijas como modismos, dichos, refranes, proverbios, sentencias, etc., estrechamente vinculadas a situaciones sociales específicas. Estas construcciones pueden ser creadas hasta el infinito, pues dependen del entorno socio-cultural de donde surgen y a las cuales les da vida. Son comunes las relacionadas con los saludos, las felicitaciones, el comienzo o fin de una llamada telefónica, etc. Son igualmente frecuentes en las manifestaciones del ánimo como la alegría, el miedo, la molestia, la lástima, el asombro, la sorpresa, el desprecio, el reconocimiento, etc.

Más que el contenido semántico de estas expresiones, su valor reside en la expresividad, en donde entra en juego el sentimiento y el ingenio populares. Por eso, la construcción se aparta un poco a veces de las normas que rigen la estructura gramatical. Un lingüista, refiriéndose a la carga de afectividad de los modismos y expresiones populares, afirma: “El modismo es al idioma lo que la sal al guiso: sazona, da sabor y añade gusto”.

Muchas de estas expresiones de lenguaje convencional responden a motivos de autoafirmación con los que el hablante refuerza emocionalmente su pensamiento: “¡Te lo repito una y mil veces!”, “¡Vos no sabés de lo que yo soy capaz!”, etc. En ocasiones, los impulsos motivacionales van dirigidos al interlocutor con tal de obtener algún tipo de respuesta: “¿Cómo se la va llevando?”, “¿Cómo me lo trata la comadre?”. Otras veces, el lenguaje convencional se refiere al uso de verbos a manera de muletillas, como saber, oír, mirar, ver, fijarse, decir, etc., los que aparecen generalmente al comienzo de la expresión: “Fijate que no soy de esas mujeres que vos decís”; “Sabés, la última vez que hablamos fue cuando lanzaron a los CPC…” (Dionisio Marenco, LP/16/08/09).

Los recursos eufemísticos del lenguaje convencional son abundantísimos cuando se refieren a la muerte, el sexo y las cosas excrementicias. El acto de morir se le denomina en el habla nicaragüense “colgar los guantes”, “entregar la valija”, “entregar el equipo”, “estirar los tenis”, “estirar los caites”, “patear el balde”, “pelar el ajo”, “pelar el ayote”, “pelar el verde”, “pelar gallo”, “pelar el quiquisque”.

Son frecuentes las construcciones con las que expresamos la mayoría de los proverbios y refranes para designar una verdad moral o de hecho, o bien una expresión gráfica de filosofía práctica. Por ejemplo: “El muerto al hoyo y el vivo al bollo”, que indica la falta de sensibilidad de los deudos por el fallecido; “No importa que nazca ñato con tal que respire”, expresa que se deben disimular los defectos; “A cada chancho se le llega su sábado” se refiere al delincuente que por fin cae en manos de la justicia; “No hay peor cosa que poner a un indio a repartir chicha” alude a la persona que ocupa un cargo menor y se cree más importante que el propio jefe.

Es curioso destacar que en el lenguaje convencional figuran también expresiones que se construyen como un binomio: A y B (blanco y negro, día y noche, etc.). Veamos: “ni chicha ni limonada”, “en un abrir y cerrar de ojos”; “cayendo que levantando”; “ni frío ni calor”. A veces, se usan frases reiterativas: “de flor en flor”; “dando y dando”. También es usual en las aliteraciones: “Quien da pan a perro ajeno, pierde el pan y pierde el perro”; “Voy corriendo y volando”; “Yo le pago friendo y comiendo” o, como quien dice, “Viendo el muerto y soltando el llanto”. O a la rima: “Estamos tana catana”; “No es lo mismo Chana que Juana”.

Desde el punto de vista de la estructura gramatical, el lenguaje convencional es prolífico en frases de uso muy popular. Por ejemplo, si el día amanece con señales de lluvia “amanece empurrado”; si una persona acostumbra caminar siempre sola, “anda como virote solo”; si alguien pierde el ánimo “se le baja el gas”; si cae mal por su bayunco proceder “cae como patada de mula”; causarle ofensas es “decirle hasta de lo que va a morir”; enamorar es “echarle los perros”; involucrarse en un problema o dificultad es “agarrarla del cuello” o como quien dice “guiñarse la güirila”.

*Escritor y lingüista.

rmatuslazo@cablenet.com.ni