Jorge Eduardo Arellano
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Carlos Eduardo es un hombre joven de 32 años, casado, universitario. Además tiene una pequeña niña de seis años y trabaja como ingeniero en una empresa estatal. La fuente inicial de información es su esposa, quien refiere que en los últimos seis meses ha aparecido un notable cambio en su comportamiento. Por momentos está muy locuaz, habla continua y rápidamente, ha dejado de ser afectuoso y cuando trata de hacer el amor, no logra erección pese a haber sido muy activo en este terreno; a menudo se pasa el día durmiendo sin importarle para nada sus responsabilidades. Se muestra totalmente indiferente ante su hijita, quien era “la luz de sus ojos”.

Con frecuencia se encierra en el baño durante más de una hora y en la noche casi no duerme nada. De continuo se sopla la nariz como si tuviera catarro frecuente, ha bajado unas 25 libras en los dos últimos meses y varias veces ha llegado a casa muy extraño.

Cierra las persianas y mira hacia fuera con mucho temor. Recientemente dijo que su vida corría peligro. Comenzó a ver serpientes que salían del suelo y a escuchar ruidos extraños. Dejó de asistir al trabajo sin causa alguna y se ha mostrado violento en presencia de su hija, quien se muestra temerosa cuando él llega.

En la entrevista que realizamos se recoge una historia personal normal, hasta que tres años atrás comenzó a visitar “unos amigos” que hacían fiestas a menudo. Bajo los efectos de bebidas alcohólicas le dieron a probar la marihuana, la que consumió por breve tiempo, hasta pasar a la unión de alcohol y cocaína.

Primero consumía esta última en forma de Clorhidrato (polvo), aspirada por la nariz “como hacen en las películas”. Después comenzó ya sin el efecto del alcohol el uso de cocaína en forma de piedra (crack), en tal aumento que utiliza incluso más que su salario, contrayendo deudas peligrosas para pagar su consumo (Carlos llegó a terminar con los ahorros de su matrimonio).

Apréciese en esta historia el mecanismo de trampolín o de portero del alcohol, y después la sustitución de unas drogas por otras y el paso de una forma de consumo a otra. También es evidente la tolerancia progresiva que lleva a necesitar cada vez dosis mayores con el consecuente daño económico, así como apariciones de focos de una posible esquizofrenia generada por la cocaína (ya que Carlos Eduardo tiene predisposición a enfermedades psiquiátricas por carga genética); algo igual de trágico es la expresión angustiosa de la niña, pues a pesar de su tierna edad sabe diferenciar cuando en realidad es su papá y cuando es alguien transformado. ¿Papá como vendrá?
Esta droga, en cualquiera de sus múltiples formas de presentación --desde el polvo que se ve en los filmes policíacos, hasta la pasta y las piedras que cuando se queman hacen un sonido similar al “crack”, de ahí su nombre--, determina infinidad de complicaciones que se pueden inferir por tratarse de una sustancia que contrae los vasos sanguíneos del cuerpo con un aumento muy peligroso de la presión arterial hasta 250 y 300mm de mercurio, las consecuentes hemorragias, trombosis y embolias cerebrales; contracción de las arterias coronarias con infartos cardiacos severos, necrosis (muerte de los tejidos de la nariz y encías por falta de circulación sanguínea), accesos pulmonares por efecto irritante y reducción de la circulación pulmonar. Como si todo esto fuera poco, invasión bacteriana y de hongos en la sangre, corazón, cerebro, pulmones y retina, cuando se usa mediante inyecciones. Otras trágicas consecuencias son el Sida y la ceguera total por hongos en la retina.

Podemos hablar también de alteraciones producidas por los neurotransmisores cerebrales, causando perturbaciones mentales con alucinaciones visuales y/o auditivas y delirios de daño y persecución.

Cabe esperar que ocurra en quien esté predispuesto a la esquizofrenia y también a la depresión, pues sus efectos ocurren como un mecanismo de gasto anticipado (como quien cobra el salario por adelantado y lo gasta en unos días y afronta después varias semanas de penurias), explicando la depresión, la falta de energía y la somnolencia que aparecen al detenerse el consumo.

La cocaína es una droga muy peligrosa por sí misma, pero cuando se asocia al alcohol o viceversa, se genera lo que se llama cocaetileno; esto a la vez produce efectos aún más impredecibles en las personas que la consumen. Bajo esos efectos (alcohol-cocaína) el aumento de actos delictivos, de homicidios, accidentes de tránsito, violencia doméstica, violaciones entre otras tragedias, es mucho mayor.


Si tienen alguna consulta sobre las drogodependencias, pueden escribir a mi correo, totalmente confidencial: yalilopezguido@gmail.com.


*Rehabilitador social.