Jorge Eduardo Arellano
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Ernesto Cardenal acaba de sentar un importantísimo precedente en la lucha por la igualdad jurídica de los ciudadanos ante la ley y contra la injusticia de un sistema judicial, plagado con todos los vicios del actual sistema político clientelista, prebendario y corrupto, al negarse a cumplir la sentencia emitida por un juez local que solamente cumple órdenes partidarias.

No olvidemos, lo que tanto a nivel internacional como local significa que el poeta vivo nicaragüense de más renombre en el mundo, traducido a una veintena de idiomas y representante de la teología de la liberación, haya sido condenado por un Estado, que oficialmente impulsa una política de “Unidad y Reconciliación” y que pregona a través de sus medios y agentes, que el amor es más fuerte que el odio.

Para nadie es un secreto que miles de ciudadanos se pudren en las cárceles de nuestro país por delitos menores, mientras asaltantes y pillos investidos de políticos o funcionarios, saquean el erario común de todos los nicaragüenses, extorsionan a las bandas de narcotraficantes y utilizan la estructura del Estado para reprimir a los ciudadanos, sin ser procesados en lo más mínimo por los encargados de velar por la justicia, quienes sin inmutarse por el caparazón que cubre sus pieles, emiten sólo sentencias que favorecen los intereses de quienes los colocaron en las ventajosas posiciones que hoy ocupan y por las cuales servirán a sus dueños, mientras dure la prebenda.

El sistema judicial de Nicaragua, como parte del sistema político en su conjunto, está tan desnaturalizado y se ha vuelto tan ilegítimo, que no ha dejado a la ciudadanía, más que el espacio de rebelarse y defenderse de manera frontal y directa, de la ignominia y la afrenta que ello significa para los/as nicaragüenses.

Por eso mismo, la actitud de Ernesto Cardenal de rechazar la sentencia en su contra, se vuelve emblemática para toda la población, no sólo por el significado de denuncia pública que tiene, sino porque orienta un camino a seguir por todos los ciudadanos/as de este país que ya no encuentran alternativas, para que el poder político respete sus derechos consignados en la Constitución de la República.

Si el espacio de los derechos ciudadanos continúa cerrándose, a lo mejor en los próximos años tendremos la desobediencia civil como única salida, y las penitenciarías repletas de ciudadanos que enfrentando sentencias amañadas y represivas, producto de la debacle del Poder Judicial, prefieran enarbolar como bandera de dignidad y ciudadanía el renunciar a su libertad y hacer desde las prisiones de Nicaragua un gran frente cívico de lucha y de resistencia, contra un sistema, que no tiene ninguna capacidad para resolver los problemas del país, sino que más bien los profundiza, en función de su propia supervivencia.

A Ernesto lo felicitamos, por haber precisado, dentro de ese contexto que nos oprime, el rumbo que una vez también siguieron Mahatma Ghandi, Martin Luther King, Nelson Mandela, entre otros, en la lucha por los derechos y libertades ciudadanas de sus respectivos pueblos.


*Msc. en psicología.