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Esta vez el pecado del padre Lugo no es carnal, sino político. La Asamblea paraguaya en pleno ha decidido destituir al presidente Fernando Lugo, luego que de forma negligente permitiera que se diera una matanza de seis policías y 11 campesinos en el poblado rural de Curuguaty.

¿Pretexto político para destituirlo? Es posible. Lo que sí está claro es que los mismos aliados que lo llevaron a la Presidencia lo han destituido. Aquí no hay golpes de Estado de izquierdas ni derechas, hay golpes entre zorros del mismo piñal. No desvirtuemos la historia. Recordemos cómo Lugo se hizo del poder en Paraguay.

El padre Lugo, que como sabemos no ha sido tan santo en sus relaciones personales, tampoco lo ha sido en sus relaciones políticas. Se alió al Partido Liberal derechista, oligárquico, o como le quieran llamar los populistas, para llegar al poder en 2008. Fue este partido el que le aportó el 65% de los votos. Sin esta alianza jamás hubiera soñado llegar de forma legal a la Presidencia, porque en Paraguay son dos grandes fuerzas las que dominan los votos, el Partido Colorado (derecha) y el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA-centroderecha).

Este último tenía en el gabinete de Lugo cuatro ministros, colocados y nombrados como gesto de agradecimiento. Fue la unión con este partido lo que le permitió vencer al Partido Colorado, que se había sostenido durante 61 años en el poder y fue sustrato sólido de la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989).

¿Cuáles fueron las consecuencias de este maridaje político? Que el carisma obtenido por Lugo en sus homilías no le fue suficiente para llegar al poder con un apoyo parlamentario firme, porque simplemente carecía de la estructura política necesaria; de ahí la necesidad de fusionarse con la derecha liberal, y peor aún, carecía de una base social sólida. Esta carencia se refleja en el silencio sepulcral observado en el pueblo paraguayo hasta ahora, desde que fue destituido.

Los países del Alba temen un efecto dominó en el área, porque cuando los presidentes se sostienen mediante la estafa de los votos, los pueblos tarde o temprano terminan derribándolos.

El pecado de Lugo esta vez fue querer sacar provecho de las luchas intestinas entre los liberales que lo llevaron al poder y querer sacar a flote a un raquítico partido de izquierda: el Frente Grande, su partido primitivo, cuando se encuentran los paraguayos a menos de 12 meses de las elecciones, que lo obligarían a dejar el poder. Esta actitud, en términos de buen cristiano, se llama deslealtad política.

Lo peor de todo, para los que desconocen las celadas políticas del “izquierdista” Lugo, es que buscando ahora obtener provecho político, y que la crisis generada recientemente no le pasara a más, había nombrado como ministro del Interior a Rubén Candia, del Partido Colorado, el mismo partido con el que se enfrentó en las urnas, traicionando al Partido Liberal Radical Auténtico.

Rubén Candia para aclarar a quienes creen ingenuamente que lo ocurrido en Paraguay es un sabotaje de la Embajada gringa, es un familiar cercano de la presidenta del Partido Colorado, Lilian Samaniego, y ahijado político del expresidente Nicanor Duarte, que gobernó Paraguay de 2003 a 2008 bajo la bandera del Partido Colorado.

La Asamblea Nacional paraguaya votó ampliamente, con 39 votos a favor de la destitución y solo cuatro en contra. La técnica usada antes, mediante la fuerza de los militares para dar golpes de Estado y quitar o poner presidentes, hoy por hoy ha sido sustituida por el uso de la legislación, que sirve tanto para sostener a dictadores en el poder como para mandar a retiro a presidentes como Lugo.

 

*Médico

dr_amaya2006@hotmail.com