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Y vengativo y alevoso. Son los adjetivos que mi naturaleza me indica cuando evoco el contenido del Arto.194 de la nueva Ley de la Familia, que está siendo legislada en la Asamblea Nacional.

Por su medio, cualquier mujer que haya sido promiscua o no en sus relaciones sexuales puede ir al Registro del Estado Civil de las Personas e inscribir ahí a su hijo (a) con el apellido del hombre al que ella quiera imputar como el padre de su hijo (a), o al que ella suponga o crea y sepa que lo es, sin que eso sea comprobado biológicamente y sin el consentimiento de este.

La Ley le concede en otro artículo al supuesto padre que la paternidad pueda ser develada mediante un análisis del costoso análisis ADN, pero ello le será posible hasta después de haber sido sometido durante meses al escarnio de denuncia. La ley no previó el derecho a la privacidad del caso.

Los (as) diputados (as) que tienen una visión sociológica del drama social nacional deberían estudiar y analizar cuál es el verdadero origen que ha llevado a las relaciones hombre-mujer a un estado de violencia e irresponsabilidad intrafamiliar.

La masa popular nacional ha sido socialmente lesionada por una corrupción integral de los gobiernos durante cuatro décadas, y ello ha convertido a un sector del pueblo en irresponsable. Cuatro décadas con mínimos niveles de educación, solo para citar un área, han acelerado el atraso integral del pueblo. Ello es alentado por el licor, por los vicios.

Al pueblo masculino, especialmente, no se le da una educación plena, ni se le enseñan buenas costumbres, respeto, moral y es ahora blanco de una Ley que tiene un sustento basado en la ignorancia y en el machismo, mal que no es inherente en el hombre, sino adquirido, porque somos hijos de las circunstancias que nos rodean.

Los hombres jóvenes de la ciudad, del campo, obreros, campesinos, están parcialmente embrutecidos en un ambiente donde prevalece la corrupción, el irrespeto a las leyes, en tanto que acosados por la sobrevivencia transitan el vergonzoso estado de las instituciones sometidas a la corrupción.

No justifico sino que condeno la irresponsabilidad paterna, toda violencia contra las mujeres y las familias. Pido a las lectoras que no me mal interpreten, que veamos este problema como un mal social.

Esta Ley inducirá a los donjuanes irredentos, a los aficionados al sexo libre a prevenir el riesgo de ser denunciados de negación a la paternidad haciendo uso del preservativo o, –llegados a una prudencial edad- a practicarse la vasectomía. Así, no habrá riesgos.

Este asunto sexual-social también tiene que ver con la tolerancia de la mujer al sexo. Recordemos lo que el maestro Ortega y Gasset asegura en su libro “Lecciones sobre el amor”; dice ahí don José que cuando la mujer se entrega a un hombre ha sido porque en su intimidad el Sí ha vencido al No, que en ella existe, por la naturaleza de su recato.

La Ley debería incluir el derecho de los hombres falsamente denunciados de paternidad a acusar a las denunciantes por calumnias pues en el proceso de la develación de la paternidad habrá un daño, si el denunciado fuere inocente y tuviere familia y reputación.

 

*Abogado y Notario

juan3722@yahoo.com