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Europa se encuentra hoy frente a uno de sus principales verdugos: la Unión Europea. Lo que una vez se concibió como un viejo continente fortalecido y pujante, a la vanguardia en las decisiones de la economía mundial, hoy casi al unísono los países de la eurozona reprueban su índice de solvencia (prueba del ácido) clamando a gritos por un rescate financiero y una reingeniería profunda para el euro.

Las abultadas deudas de los gobiernos europeos y la perdida exponencial de la credibilidad en su recuperación en el corto plazo, hacen que la situación en Europa se agudice con cada día que pasa. Pero como nos enseñan los textos y teorías económicas: “En toda situación de crisis subyacen siempre nuevas oportunidades …”, la dupla Franco - Germana en este caso ha asumido el liderazgo en la eurozona y se ha dado a la tarea de remodular a conveniencia el tratado europeo, restringiendo actualmente hasta la médula los presupuestos de los mayores infractores, entiéndase Grecia, Portugal, Irlanda, España e Italia, con el objetivo de controlar la debacle económica y el efecto dominó que se avecina.

El rescate económico europeo se encuentra ante una prueba de fuerza, mientras más países se suman a la lista de los endeudados, el salvataje financiero se encuentra pequeño ante la descomunal tarea de lograr la liquidez en algunas de las principales economías del planeta. Una cesión de pagos por parte de Italia marcaría el inicio de un inmenso problema, recordemos que Italia es la octava economía del mundo y la tercera de la eurozona, el rescate de Grecia parecerá insignificante ante la deuda italiana.

Si la decisión de la UE es excluir a los países más endeudados, sería incierto determinar si con esto se lograría superar la crisis en el corto plazo, pero lo que si podemos asegurar es que el destino de los excluidos será el destierro económico y un sinnúmero de problemas sociales. A la luz pública esta opción condenará la Voluntad Política de la eurozona, que decide abandonar a los más débiles para sobrevivir.

El euro como moneda común se encuentra hoy ante la disyuntiva de su corta existencia: ¡ser o no ser!. Los años de excesos y extravagancias sin supervisión han puesto en la balanza la idea de abandonar el euro, pero esa decisión sin duda alguna convertiría a la Europa que conocemos en una zona de caos, donde en un corto tiempo veríamos a muchos países sucumbir por su iliquidez y por la falta de sustento legal que les permita asumir obligaciones a futuro. La Unión Europea sin el euro es simplemente un cascaron.

La situación actual para la Europa de la UE no pinta nada bien, pero a pesar que el colapso se acerca en el horizonte, no cabe la menor duda que se harán todos los esfuerzos posibles para evitar este final, pero los costos serán elevados. En el marco de una situación extrema, los objetivos de una recuperación progresiva y supervisada serán cambiados por la idea de salvar la eurozona a cualquier costo, Alemania y Francia abogarán rápidamente por un nuevo pacto europeo que permitirá sortear el inminente final y que los convertirá en los “dueños absolutos” de la Unión Europea, el capital extranjero comprará en ganga las soberanías de los países endeudados promulgándose sanciones aún más radicales que afectarán directamente a todos y cada uno de los europeos.

La tesis del Mercado venció una vez más al Estado, la incapacidad de los gobiernos de emprender acciones congruentes, ha dejado sin salida a millones de ciudadanos europeos que ven asaltados sus bolsillos y encuentran súbitamente afectados sus modos de vidas. La rebeldía parece ser el único catalizador para el futuro europeo, las luchas por recuperar el status quo serán cada vez mayores, el viejo continente empieza hoy a despertar de su aletargado sueño.

 

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