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En marzo se cumplieron 200 años de la Constitución de Cádiz. Ha sido un momento propicio para reflexionar sobre la influencia no solamente que ha tenido el constitucionalismo español en América Latina, y especialmente en Nicaragua, sino también de su cultura.

Desde mi punto de vista, ha habido tres momentos importantes en esta relación:

El primero, cuando los Constituyentes, que moldearon la Constitución Federal de 1824 dieron la espalda a la tradición española, y miraron hacia los Estados Unidos.

Rafael Heliodoro Valle apunta que “era natural que las ideas de Jefferson sedujeran la atención de los primeros estadistas centroamericanos”.

La Federación Centroamericana no duró mucho tiempo y se despedazó, al igual que los sueños de nuestros próceres. El legado que dejó, fue que en las constituciones de las nacientes repúblicas quedaran plasmadas las ideas liberales.

Aunque en el siglo XIX se promulgaron diversas leyes sobre los servicios públicos, no se constituyeron tribunales contenciosos- administrativos como se venían estableciendo en casi todos los países de Europa y Sub América, porque Nicaragua, había adoptado el sistema anglosajón de justicia.

Fue a inicios de los años 70 que nuestro país comienza a girar hacia un modelo de justicia contenciosa que se consolida en la Constitución de 1974. En los artículos 303 y 304 se contempla la estructuración de un “Tribunal de lo Contencioso- Administrativo”, adscrito al Poder Judicial. Sin embargo, estos nunca se formaron, y, en la Constitución de 1987, no hay un artículo que haga referencia a estos propósitos.

Fue a través de la presión de los organismos internacionales, que se aprueban las leyes administrativas más importantes, de las cuales algunas de ellas están aún vigentes. Y, especialmente, para la redacción de los proyectos de ley de procedimiento administrativo y de lo contencioso, se toman como referencia las leyes españolas, redactadas en los años 50 por dos de los juristas más eminentes que ha tenido España en el siglo XX: Eduardo García de Enterría y Jesús González Pérez, quienes han tenido una gran influencia en América Latina.

Sin embargo, el que ha tenido mayor contacto con los académicos latinoamericanos ha sido González Pérez, a quien le profeso una enorme admiración, cariño y agradecimiento, ya que además de prologar varios de mis libros, ha estado pendiente de la evolución de este derecho en nuestro país.

Asimismo, ha contribuido a redactar leyes de lo Contencioso Administrativo en América Latina. En Nicaragua revisó y sugirió cambios al proyecto de ley del Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas y Procedimiento Administrativo, lo que ya le da un lugar privilegiado en nuestra historiografía jurídica.

Él pertenece a ese linaje de juristas e intelectuales que ha dejado una huella profunda en nuestros países, como lo hizo en su momento Alcalá Zamora, que formó a juristas como el mexicano Héctor Fix Zamudio, que ha contribuido al mundo al crear una nueva disciplina jurídica: el Derecho Procesal Constitucional.

También es necesario hacer mención de José Gaos, de la llamada generación de los transterrados, que llegaron principalmente a México, Argentina y Venezuela como consecuencia de la derrota de la República Española.

Gaos señala “que los españoles hicieron un nuevo descubrimiento de América, donde se dio un acercamiento mutuo y de posibilidades de entendimiento por impulso y unión de ambas partes”.

Los transterrados fundaron instituciones claves como el Colegio de México; tradujeron libros y formaron discípulos como Leopoldo Zea, que publica El Pensamiento Latinoamericano e influye notablemente en Octavio Paz para escribir el “Laberinto de la Soledad”, que es en esencia una introspección del ser mexicano. Pablo Antonio Cuadra, toma este libro como modelo para escribir “El Nicaragüense”.

Y no es menos decisiva aun la influencia que tuvieron en Latinoamérica los de la generación del 98: Menéndez Pidal, Ortega y Gasset, Claudio Sánchez Albornoz y Américo Castro.

La relación entre España y nuestros países ha sido la ruptura y el encuentro; el silencio y el diálogo, que hoy continua afortunadamente a través de intelectuales más jóvenes, como Jaime Rodríguez Arana, catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad de la Coruña, quien al igual que otros españoles, sigue la tradición de establecer lazos de cooperación académica entre los intelectuales iberoamericanos.

* Doctor en Derecho Administrativo e Historiador