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Es una torre de Babel de lenguas modernas hablando el mismo idioma. Grupos de científicos del Laboratorio Europeo de Física de Partículas Elementales, CERN, se traban en controversias sobre un nano-corpúsculo que llena el vacío de una sustancia: el bosón de Higgs, el campo universal que hace desaparecer la nada del vacío.

Después de billones de colisiones entre los protones del gran acelerador de hadrones, LHC, han encontrado la aguja en el pajar. Imprescindible para la ciencia contemporánea.

Somos la parte consciente del Universo que se observa a sí misma desde que Demócrito intentaba ver en el átomo la parte más oculta e indivisible hasta la misteriosa coexistencia entre la Teoría Estándar sobre la constitución básica de la materia con sus fuerzas fundamentales y la presencia de partículas con masa.

La estructura del Universo después del Big Bang ha sido investigada hasta el límite de lo cuántico. Lejos de eso, la incertidumbre de vivir en un universo digital esquivo a la materia nos deja al borde de la ignorancia metafísica: el espacio vagando como un cisne inquieto e impulsivo, cambiando siempre de idea.

Aquel éter de Newton que colmaba el ocioso espacio del universo, siglos después arrinconado por Einstein, ha revelado su presencia fugaz de masa-energía (125 GeV) por unas billonésimas de segundos después de resistirse a ser observado durante 50 años.

Deducirlo del análisis de sus productos de desintegración, apenas ha logrado despertar las expectativas de una nueva etapa de investigaciones más precisas sobre su estructura y propiedades.

Solo Dios sabe qué sucedió en el principio mismo y hasta ahora no se le ha escapado nada. La nada estalló en un versículo bíblico después que un suspiro misterioso iniciara la incandescencia del espacio-tiempo. Pero si nuestra visión se detiene ahí, dejemos que nuestra imaginación vaya más lejos.

Para los físicos no es suficiente disfrutar de las magnificencias del cosmos… las dudas se deletrean: ¿Cómo? ¿Qué lo creó? ¿Quién logró crear de la nada la increíble apariencia y biodiversidad cósmica? No se pueden entender las leyes de la naturaleza ignorando los objetos para teorizar la existencia de ninguna de sus partículas.

La física solo le rinde pleitesía a los matemáticos y estos solo a Dios. Un protagonista nada modesto en el nebuloso tejido científico.

A excepción de Dios, los físicos experimentales del LHC han creído que una presencia espectral les ha impedido conocer la verdadera naturaleza de la materia: el campo de Higgs y su magia ejercida por una partícula llamada bosón de Higgs… la chispa divina.

Como una Babel invertida bajo tierra, flamante y sofisticada, construyeron el LHC en Ginebra. Un gigantesco bisturí anillado de 27 kilómetros capaz de seccionar hasta la escueta perseverancia de ese ultra corpúsculo esencial. Eso que le confiere masa a las partículas. Hasta ahora, solo una duda en la mente colectiva del científico: ¿Por qué las cosas pesan en un mundo tan complicado?

¿Es una ilusión producto del entorno cósmico? Es como si Dios hubiese tomado un electrón en sus manos y lo haya comprimido tanto como fuera posible antes de la radiación más resplandeciente de la historia. Algo más distante del principio de incertidumbre de Heisenberg. En la primera fase de la creación, el Universo tenía dimensiones subatómicas y la Física Cuántica se dedicaba al firmamento entero.

No obstante, sin presumir, El Omnipotente sospecha que las demás partículas son de Él. ¿Acaso estamos inventando el final del camino al atrapar estas nuevas e insólitas moléculas? ¿Nos está observando Dios por encima de sus hombros?; quarks emergiendo del vacío, el Santo Grial del universo ¿La partícula de Dios?

* Médico cirujano