Jorge Eduardo Arellano
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Cada vez más las mujeres --especialmente las más jóvenes-- estamos en riesgo de adquirir el VIH. Según se confirma en los datos derivados de la XVII Conferencia Internacional sobre el Sida, que se realizó en México, unos 15 millones de mujeres en el mundo tienen el virus y son muchas más las que sufrirán los estragos del Sida, a causa de la discriminación y la violencia sexual que viven.

En Nicaragua la situación es preocupante: mientras que en marzo de 2001 había una mujer por cada 3.1 hombres con VIH a nivel nacional, [1] a diciembre de 2007 la relación cambió a 2.3 hombres por mujer. En el año 2006, el 71.4% de los nuevos casos de VIH entre adolescentes de 15 a 19 años se dio en mujeres. Es decir, aquí también hay “feminización” de la epidemia del VIH.

La situación de las mujeres y de las niñas ante el VIH requiere una atención especial, no sólo porque biológicamente estamos más expuestas a adquirir el virus, sino porque la violencia sexual e intrafamiliar nos coloca en una situación de desventaja sobre el control de nuestros cuerpos y de nuestra sexualidad.

En Nicaragua, una de cada dos mujeres ha sido maltratada físicamente alguna vez por su marido o compañero de vida, y se calcula que una de cada cuatro mujeres está siendo maltratada actualmente y tres de cada 10 mujeres maltratadas son golpeadas durante su embarazo. En estas condiciones, difícilmente se podrá exigir al agresor el uso del condón, la fidelidad o la abstinencia para prevenir la transmisión del VIH.

La violencia contra las niñas y las mujeres está generalizada y afecta a mujeres de diversas condiciones económicas y académicas. Además, después de un asalto sexual, muchas mujeres y niñas se quedan calladas por temor o vergüenza, por lo que son mínimas las oportunidades para recibir tratamiento profiláctico ante una posible exposición al virus del Sida.

Nicaragua ha firmado declaraciones, metas y compromisos para enfrentar la epidemia, y entre instituciones del Estado, organizaciones sociales y organismos internacionales y agencias de Naciones Unidas como Unicef, hay esfuerzos para la detección del virus en mujeres embarazadas, prevención en adolescentes y erradicación de la discriminación. Sin embargo, todavía hay mucho por hacer.

En la XVII Conferencia Internacional del Sida 2008, Nicaragua se acaba de comprometer para abordar el tema desde la educación formal. Esperemos que también trabajemos por la erradicación de la violencia de género, que nos coloca a mujeres, adolescentes y niñas en desventaja para protegernos del VIH y el Sida.


*Periodista y escritora feminista.