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Cada día se adoptan nuevos términos, los cuales se vuelven simples muletillas. Quienes desde el gobierno hablan o escriben sobre lo que consideran noticias nocivas de los medios de comunicación, creen desmentirlo todo diciendo que se trata… “de una guerra mediática”.

Una frase preferida de los gobernantes y sus partidarios, cuando quieren hacer creer que toda crítica a su deficiente y corrupta gestión administrativa, sus abusos y violaciones a las leyes, es fruto de la “guerra mediática”. La usan para descalificar las evidencias que aportan las investigaciones periodísticas.

Los gobernantes, cuando son cogidos en faltas, toman la susodicha frase como un escudo en su batalla contra las críticas reflejadas en los medios de comunicación privados o independientes. Pero, precisamente, no se limitan a quejarse, sino que, conscientes del poder de los medios de comunicación, compran, alquilan o cooptan medios de comunicación en mayor cantidad que todas las empresas de comunicación juntas. Y en cuanto a la posesión de medios, ningún partido político compite con el de Gobierno.

Los supuestos agredidos con la “guerra mediática”, son realmente los victimarios de la ciudadanía y de sus adversarios políticos, y adoptan la pose de pobres desvalidos ante los medios de comunicación. Y a pesar de su enorme poder publicitario, siguen presentándose como las víctimas, mientras atacan a todo el mundo con su propia guerra.

Quienes presiden este gobierno –como se sabe, ilegalmente— se han vuelto maestros en actuación, pero, reitero, nadie en Nicaragua –cualquiera sea su tendencia— posee ni la mitad de canales televisivos y radioemisoras que el orteguismo. Cuenta con muchos medios --¿quién lo ignora?— y una legión de periodistas a su servicio en publicaciones digitales, en las vocerías de las instituciones del Estado y como portavoces de funcionarios oficialistas. Por separado, o en conjunto, sus campañas son a la vez contra sus críticos y en pro del culto al jefe del clan.

Como su propiedad privada, el clan tiene, solo en Managua, tres canales de televisión (4, 8, 13) más el Canal estatal que usan como propio (el 6), además algunos canales cooptados o manejados por testaferros. Posee un sinnúmero de radios operando en AM y FM, más diarios digitales en Internet. Está anunciado un Canal más, el 16. Cualquiera sea la cantidad exacta, siempre será mayor que la cantidad de medios privados o independientes. Durante campañas electorales, compran espacios en estos medios, con lo cual completan su propia “guerra mediática”. El único tipo de medio que no está a su alcance, y no por falta de dinero ni de ganas, es la prensa plana. Tienen a quienes la escriban, pero no a quienes la compren.

El oficialismo lanza un alud cotidiano de agresiones a sus críticos, de forma indiscriminada: todos son “peleles de la derecha y del imperialismo”. Vulgaridades, acusaciones absurdas, desprestigios personales, manipuleos religiosos con rezos y citas bíblicas, y exaltaciones hasta el cansancio de la personalidad del gobernante, complementan su campaña de terror ideológico.

Nada es ignorado. Pero lo repito por la proyección internacional que le da el clan a la información, representando su papel de víctima. Referiré un caso. Pasadas las elecciones fraudulentas de noviembre de 2011, en el programa “La Hojilla”, del canal oficial de Venezuela, uno de los periodistas acusó a la derecha de su país de querer hacer contra los chavistas, lo que la derecha nicaragüense hace contra el gobierno “revolucionario” del comandante Ortega: mientras lo acusa de cometer fraude electoral… ¡“mata sandinistas en las calles”! ¿De dónde iba a recibir esa “noticia”, si no del orteguismo?

Así, muy serio, el mentiroso venezolano dio vuelta a la verdad. Manipularon la muerte de tres campesinos opositores –padre e hijos— de El Carrizo, en cuyo crimen están implicados (unos condenados levemente) el secretario político del Frente, un funcionario del CSE, un juez y un policía vinculados al orteguismo.

Los medios de la derecha acostumbran mentir. ¿Quién lo ignora? Pero, ¿qué hacen si no mentir los medios de Ortega? Quién miente más y quién mente menos, no es la cuestión. Igual de aberrante es abusar de la información desde cualquier posición ideológica.

 

* Escritor y periodista

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