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Todos los días trato de recobrar la cordura a través de la búsqueda de una motivación que trate, de alguna manera, de retratar en mis artículos la construcción de una sociedad nicaragüense posible; sin embargo, tal aseveración pareciera un chiste mal contado tantas veces que ha perdido su notoriedad.

Las elecciones municipales son un caso cerrado para el ortega/murillismo, ya que harán de sacerdote, sacristán y monaguillo durante el proceso. Tan así, que ni siquiera se preocuparon por buscar candidatos carismáticos sino que decidieron seguir con sus mismos operarios políticos para no crear en sus filas nuevos liderazgos.

No obstante, algunos charlatanes de la palabra autoproclamados “honorabilísimos” (lo que no dice mucho en Nicaragua), advierten en sus rumiantes opiniones que el primer deber opositor es legitimar este tercer fraude para no perder espacio.

Esto pone de relieve no sólo la falta de liderazgo sino la comodidad pasiva de una nueva dirigencia zancuda, sin estrategias, sin consenso social, esperando que las mínimas condiciones electorales que tanto demandan se den por arte de magia o través del sudor de sus gargantas.

Más lastimoso es el discurso discrepante alrededor de la participación en las elecciones municipales, lo que desconcierta a sus bases o lo que queda de ella por causa de la desmotivación.

Por eso insisto que en esta nueva etapa la oposición debe hacerla una ciudadanía responsable, aglutinada por la dignidad y divorciada de una cúpula política limitada a “poner quejas”.

Para que haya elecciones legítimas debe sanearse todo el sistema republicano o lo que queda de él, porque a la fecha lo que tenemos es un falso colectivismo dominado por una pareja tribal. El primer paso sería desmontar toda la maquinaria electoral fabricada para el fraude.

Créanme que yo no avizoro en los viejos rostros de la politiquería tradicional estas trasformaciones efectivas, puesto que ellos mismos han sido los responsables de heredar a la juventud una sociedad fracasada.

Por esa razón debemos apoyar cualquier esfuerzo, aunque parezca mínimo, llámese huelga de hambre, ayuno, plantón, etc. Todo aquello que permita despertar la conciencia cívica para erradicar la esclavitud.

Es admirable el sacrificio que motivó a tres jóvenes a protestar con su propia vida contra los narcos magistrados del comité de rifa electoral amarrada de la pareja tribal, y la solidaridad de otros jóvenes y un empresario (algo que hay que destacar) que posteriormente se sumaron a esta protesta.

Y destaco la valentía y participación de este miembro del sector empresarial en esta lucha social, ya que gran parte de la cúpula empresarial en Nicaragua es cómplice directa e indirecta del oficialismo, manteniéndose cautiva con tal de hacer bisnes con los nuevos wichos domínguez.

Uno de los ejemplos más lamentable es el discurso ambivalente emitido por el Cosep, que en un primer momento, demandaba cambio de autoridades electorales, criticaba la conformación de la Unidad de Análisis Financiera, UAF, y otras hierbas aromáticas… para convertirse, posteriormente, en intermediario del orteguismo para la obtención del segundo waiver.

Esta inconsistencia es moralmente reprochable, empero pragmáticamente correcta, al menos para ellos, porque el reelecto presidente del Cosep hace lo del peluquero, corta pelo arriba y abajo, usa dos sombreros, el público y el privado, siendo juez y parte de los desmanes.

Así que debemos partir de la unidad de aquellos sectores que no estén contaminados por el entreguismo o el yoquepierdismo frente al totalitarismo. Creo firmemente que no existen imposibles sino imposibilitados, no obstante, a estos últimos ya los tenemos ubicados en su consuetudinaria espera de las señales de humo que bajen desde el “santuario” del Carmen.

Se necesita de una ciudadanía activa y organizada alrededor de causas comunes que nos permitan ejercitar una lucha continua y articulada a través de vigilias, plantones o un paro nacional que ponga de manifiesto nuestro repudio a la violación de nuestro derecho libre a elegir y ser elegidos.

Que si el segundo waiver se aprueba o se va, a como me decían en el campo, “que se vaya… al fin los pobres ya no tenemos nada que perder”. Lo que es decir: “A quienes no perdieron nada porque nunca tuvieron”, pero sí resguardan como un tesoro los más preciado: ¡la libertad!11/07/2012

irvincordero@gmail.com

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