Jorge Eduardo Arellano
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A ocho años del inicio del siglo XXI, el mundo contempla con asombro los grandes avances alcanzados en el campo de la ciencia y la tecnología. Pero, con no menos estupor, la humanidad constata que arrastramos un lastre increíble: la existencia de más de 876 millones de personas jóvenes y adultas analfabetas en el mundo. En la era de los superconductores, de la revolución de la informática y de la telemática, un apreciable porcentaje de la población adulta del globo no sabe leer y escribir.

Pese a todos los esfuerzos que hacen los países en su lucha en contra del analfabetismo, los analistas estiman que de continuar las tendencias actuales, salvo que se emprendan acciones extraordinarias, la humanidad difícilmente erradicará el analfabetismo en la primera mitad del presente siglo, lo que representa una verdadera vergüenza para la actual civilización y la demostración más palmaria de las tremendas desigualdades que la sustentan. Y es que el analfabetismo hunde sus raíces en las condiciones sociales, culturales y económicas imperantes. Analfabetismo y pobreza van de la mano, como lo demuestra el hecho que el 98% de los analfabetos del mundo viven en los países en desarrollo.

Lo más preocupante es que la fuente principal del analfabetismo sigue manando su injusticia: 113 millones de niños y niñas en el mundo no tienen acceso a la escuela primaria por lo que están, irremediablemente, condenados a engrosar las filas del analfabetismo. De esos 113 millones de niños, 80 millones, es decir, más de la mitad, son niñas. El 60% de los analfabetos adultos son mujeres. Además, en los países en desarrollo, sólo el 60% de los niños completa el cuarto grado de primaria, que es el mínimo educativo indispensable para evitar el retorno al analfabetismo.

Las regiones del mundo más afectadas por el analfabetismo son: África, con un índice de analfabetismo de 54%, casi el doble de la media mundial (27.7%); le sigue Asia, con un índice de 36.3%; y luego América Latina, con el 11%, como promedio regional.

América Latina aparece así, dentro del llamado Tercer Mundo, como la región donde la lucha en contra del analfabetismo ha hecho los avances más significativos en los últimos años. Con todo, en números absolutos, América Latina tiene más de 40 millones de analfabetos, la mitad de los cuales son mayores de 40 años, lo que indica que el mayor progreso en la lucha contra el analfabetismo ha sido en la población joven, a pesar que cerca de diez millones de niños no asisten a la escuela en nuestro continente. En Centroamérica se estima en 5 millones el número de personas analfabetas. La tasa de analfabetismo en Nicaragua se estima entre 23 y 25%, es decir, el doble del promedio regional.

Si bien el problema social del analfabetismo afecta principalmente a los llamados países en desarrollo, en las últimas décadas ha surgido un fenómeno nuevo: una serie de países industrializados, entre ellos los propios Estados Unidos, Francia e Inglaterra, han detectado la existencia en su población de apreciables porcentajes de “analfabetos funcionales”, es decir, de personas que reconocen las letras y los números, pero leen muy defectuosamente, de suerte que ni siquiera alcanzan a comprender lo que leen en los periódicos. Sus limitados conocimientos no les permiten desempeñar empleos que demandan una mínima calificación, ni participar y disfrutar de los adelantos de la vida moderna. Encuestas recientes demuestran que estos países desarrollados, que creían haber superado el problema del analfabetismo desde hace más de medio siglo, en realidad cuentan con un 10 y hasta un 20% de analfabetos funcionales en su población adulta.

Desde el punto de vista social, se considera que un país ha superado el problema del analfabetismo cuando menos del 4% de su población es analfabeta. Ésa es la meta que en Nicaragua debemos proponernos alcanzar, como compromiso de todos, pero principalmente del Estado.

Cuando la humanidad se apresta a combatir a fondo el flagelo del analfabetismo, es conveniente tener presente que estamos en presencia de un fenómeno complejo. “Lo mismo que el desarrollo es no sólo crecimiento económico, dicen las conclusiones de la Unesco, del mismo modo la alfabetización, y más generalmente la educación, debe tender sobre todo a despertar en el individuo una conciencia crítica de la realidad social y permitirle al hombre y a la mujer comprender, dominar y transformar su destino”.

De ahí que hoy se hable de varias modalidades de analfabetismo: analfabetismo científico, cultural, informático, musical, ecológico, etcétera.... Según Carl Sagan, en las llamadas sociedades del conocimiento y la información, el analfabetismo científico puede ser, en nuestra época, más peligroso que en ninguna otra anterior.


Managua, septiembre de 2008.