Jorge Eduardo Arellano
  •  |
  •  |
  • END

En Nicaragua, como en casi todos los países en desarrollo, el TURISMO es una de las actividades económicas más factibles de promover y desarrollar, aún con la poca infraestructura que tenemos. Cuando esta Administración anunció que el Ministro de Turismo iba a ser un “desarrollista”, escribí con ilusión de que se había abierto una rendija, pero no había terminado el artículo cuando el ministro decidió retirarse.

Ahora que leo los proyectos del Ministerio, bajo el ministro que decidió regresar, de dar comienzo a la construcción de “paradores”, veo que comenzamos a andar; como dice aquella bella canción de esa potencia turística, llamada España, “caminante, no hay camino, se hace camino al andar”.

Y con ese pensamiento, comencemos a andar. Primero, crucemos los dedos para que los proyectos se lleven a cabo, y segundo, que sean construcciones bien diseñadas, debidamente dotadas de buenos enseres y equipos, ya que hotelitos (paradores) fabricados y equipados a la zumbamarumba no es lo que Nicaragua necesita.

Analicemos con dedicación este tema de mil caras, ya que no sólo es construir “paradores”, hoteles, hostales o como se les quiera llamar, lo que hace un destino turístico. El TURISMO es innovador, es una diversidad de servicios y actividades que incluye aventura, deporte, salud, cultura, gastronomía, protección del ambiente, convenciones políticas.

La Convención del Partido Demócrata de los Estados Unidos, en Denver, Colorado, fue un éxito para la ciudad gracias a Federico Peña, un innovador de ascendencia mexicana, quien siendo Alcalde, preparó la infraestructura de la ciudad y sus alrededores para que pudiesen competir a nivel mundial.

El rubro más controlable en el negocio del Turismo son las Reuniones, Congresos y Seminarios; por eso, la Managua de los 70, con su poca infraestructura hotelera y gastronómica, pero con una pujanza empresarial que unida a la visión de funcionarios como Roberto Íncer Barquero, Presidente del Banco Central, se organizó en la capital el primer Buró de Convenciones y Visitantes de Centroamérica. Nunca podremos dejar de recordar el entusiasmo de empresarios como Alfredo Palazio Frixione, Presidente de la Cámara Nacional de Comercio; Gabriel Corada, Gerente del Intercontinental Hotel, hoy Crowne Plaza; Adán Gaitán, Alfredo Osorio Peters, entre muchos otros, para hacer realidad la organización promotora y atraer eventos a la capital.

El terremoto de diciembre de l972 truncó todos los planes, no sin antes lograr unas cuantas reuniones, entre las cuales sobresalió el “Primer Congreso Americano de los Valores Espirituales del Turismo”, presidido por el delegado del Vaticano, Giovanni Arrigí; padre Agustino, fundador y Director de la Oficina Pastoral del Turismo del Vaticano, y quien años más tarde llegó a ser Administrador del Vaticano.

La destrucción que causó el terremoto obligó a Managua a cerrar operaciones, y fue otro entusiasta funcionario centroamericano, el ingeniero Edgardo Suárez Contreras, Presidente del Banco de Reserva de El Salvador, quien logró motivar a la empresa privada salvadoreña, entre quienes recordamos a Roberto Quiñónez Meza, Presidente de la Cervecería --su primer presidente--; Roberto De Sola, 2do Presidente; hoteleros como Víctor Raúl Lima, Donald Drysdale, Alfredo Lievano y Peter Dumas; Intercontinental, Camino Real y Sheraton; las Cámaras de Comercio e Industrias de El Salvador, que apoyaron y cedieron espacio de Oficina; TACA, Panam, COPA y La Nica, con Ricardo Kriete, Mauricio Castro Aragón y Fernando Calvo Sotelo, jóvenes empresarios y ejecutivos como Carlos Hirlemann Pohl, León Ávila, Ricardo Balzaretti Kriete, Gino Luzi, el Choco López Candell, Pedro Dalmau; banqueros y abogados financieros como Guillermo Hidalgo Qüehl, Presidente del Banco de Reserva, Ministro de Hacienda y fundador de la Bolsa de Valores; los hermanos Siman, los dueños que donaron su histórica casa, los Poma Delgado, los Zablath, Chela Holman y Gloria Miranda, restauradoras gastronómicas por excelencia, unidos a esa pujante empresa privada, que apoyada por la empresa pública municipal y nacional, los medios y los sindicatos, fundaron el “Buró” de San Salvador, que exitosamente tiene 35 años de estar promoviendo a El Salvador, como sede de convenciones y congresos a nivel mundial. ¿Y Managua? Duerme el sueño de los justos.

El Buró en San Salvador pasó momentos difíciles, ya que la inestabilidad que causan los vaivenes de nuestros políticos, no se prestan para convencer a delegados de eventos internacionales, profesionales y hombres de empresas, a reunirse en ciudades que no les prestan garantías, pero aún así, siguieron luchando y son ahora un ejemplo de perseverancia promocional y organizativa, como es el Buró de Convenciones de Medellín, Colombia, Ciudad de México, Guadalajara, Jalisco, modelos que Managua debería estudiar y poner en operación.

Durante los años en que he estado asesorando varios Buró en América, siempre me he interesado en que se reviva el Buró de Managua, pero todavía estamos esperando a que un grupo como el de los 70, reorganice el Buró, que es simplemente una Oficina Promotora de la Empresa Privada, que con el apoyo de los gobiernos municipales, el Ministerio de Turismo, la ahora pujante Cámara de Turismo, y esas dos grandes ejecutivas del negocio del Turismo, Irene Arévalo y Lucy Valenti, reinicien los motores para echarlo a andar.

Así haremos el camino que una la pujanza de la juventud empresarial del siglo XXI para convertir a Managua, Nicaragua, en un nuevo destino para convenciones y congresos internacionales.


Hasta el martes 9 de septiembre.