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Oigamos como se expresa Darío del pueblo trabajador en su libelo “DINAMITA”:

“Socialistas, anarquistas, comunistas, todos son unos. El empleo de mayor o menor cantidad de agua y jabón es lo único que los distingue. Terribles zíngaros, que hablando la misma jerga exaltada se comprenden en todos los lugares. Y el come-ricos de Hamburgo o de Barcelona siente como si fuese en su propio pescuezo la soga que ahorca al anarquista de Chicago.

Si mis lectores han visto un congreso socialista ¿no se han fijado en la expresión fisonómica de cada uno de los ejemplares? Abundan los ojos torvos, las grandes mandíbulas, los rasgos marcadamente zoológicos, las señales de los apetitos, los gestos codiciosos. Viendo pasar los cortejos a favor de las reivindicaciones sociales, el pensador no puede dejar de sentirse entristecido de la poca inteligencia que reflejan todas las fisonomías.

Las fases testarudas y abobadas, limitadas, forman a menudo la mayoría. Creen, seguramente, que por obra de la democracia que da la fuerza a la mayoría, que siendo el número son la fuerza, olvidando que la fuerza está en la inteligencia. La princesa cuyo perfil se grabará en los escudos con el oro de las coronas derribadas, se llama Democracia. Y es esta la divinidad que convertida en Gorgona ha atizado por todas partes las hogueras. La divisa de las barrigas plebeyas es esta: “¡Todo por el faisán!”.

Podría, para refutar las deyecciones etílicas del Príncipe, citar el concepto que del pueblo tienen escritores serios como Aristóteles y José Ortega y Gasset, pero por motivos de espacio solamente citaré a uno. Escuchemos a Máximo Gorki: “El pueblo no es solo la fuerza creadora de todos los valores materiales. Es también la única e inagotable fuerza de los valores espirituales, el primer filósofo y poeta por el tiempo, la belleza y la genialidad de la creación, el autor de todos los grandes poemas, de todas las tragedias de la tierra, y de la más grande de ellas: la historia de la cultura universal”.

Si Darío escribió su “¿Por qué?”, leído el día de la conferencia por el ayudante del doctor Arellano, y en el cual preconiza lo que él llamó “la venganza de los oprimidos”, se debió a su patológica ambivalencia que trae a la memoria “El retrato de Dorian Gray”, de Oscar Wilde, “El extraño caso del Dr. Jekyll y del Sr. Hyde” de Robert Stevenson, y “El perro del hortelano”, de Lope de Vega.

El caso de Darío, doloroso es admitirlo, pero no podemos escapar a la realidad, es un caso de desdoblamiento, o sea de doble personalidad. ¿Qué dirán ahora de Darío mis hermanos trabajadores que tan alegres y aguerridos desfilan los primero de mayo como lo hice yo en mi juventud? ¿Qué dirá nuestro gobierno socialista, cristiano y solidario?

Doctor Arellano, dice Nietzche que un dialéctico tiene en sus manos un arma con la que puede hacer el papel de tirano, y yo, soy un dialéctico. Viejo en verdad estoy, pero con buena lengua y juvenil corazón, como dijera Esquilo.

* Escritor autodidacta

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