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Las prohibiciones o restricciones nacieron cuando Dios puso al primer hombre al lado de una mujer en un Edén exuberante y lujurioso del cual, con “restricciones aplican”, podían disponer.

Todo parece indicar que Yavé, al crear a los primeros humanos, lo que pretendía era encontrar un interlocutor válido para darle sentido a su imponderable palabra, que él consideraba infalible en todo el significado profundo del vocablo.

Un interlocutor válido es aquel que con toda franqueza, de igual a igual, sin sumisiones ni poses de superioridad, entra en diálogo o en amable controversia con la otra u otras personas. Un interlocutor válido es también, aquel que contribuye a ser más viable, profunda y productiva la comunicación, sin charlatanería ni parloteo insulso.

Resulta que Dios no obtuvo de sus criaturas lo que en materia de comunicación esperaba. Adán y Eva no tenían de que hablar con Yavé, y es natural, la enjundia y riqueza de la palabra proviene de la experiencia dialogal, de saber decodificar lo que nos están diciendo.

No se puede decodificar algo si carecemos de un código previo adecuado. Por eso, resulta imposible que la primera pareja pudieran comunicarse entre sí y mucho menos con Dios, pues para eso les era necesario tener experiencia previas de vida, incluso aprender un idioma desde la niñez, y ellos no tuvieron niñez, nacieron adultos… Pero la fe te valga.

Carentes de vivencias y de experiencias anteriores con otros congéneres, Adán y Eva apenas si entendieron el lenguaje de Dios. En este sentido no estaban hechos –como se cree- a imagen y semejanza de Dios, tan es así que a la “feliz pareja” no le quedo otra que acatar sin discusión lo que Dios les decía.

Dios encontró aburrida la sumisión y además improductiva, fue así que inventó la frase que ahora está tan de moda “Se aplican restricciones” o “restricciones aplican”, y para ello les limitó la concesión generosa del Edén, poniendo en el lugar más visible un Árbol Prohibido, con un fruto exquisito en olor y sabor, para que sus criaturas lo vieran y se engolosinaran, sin pensar siquiera que una culebra diabólica y tentadora, les ayudaría a consumar sus planes.

Y lo que tenía que pasar pasó. El Eros freudiano tentó a la pareja y ahí fue Troya. Pero hay que hacer una observación; tanto Eva como Adán estaban confusos, pues al ser creados Dios les ordenó; “Sean fecundos y multiplíquense” y ahora los expulsaba del Paraíso por abrir sus sentidos y hacer el sexo para multiplicarse. Queda claro que aquellas “restricciones aplican” de Yavé eran del mismo tenor de las que ahora se usan para escamotear o restringir algo en un contrato o negocio que aparenta ser espléndido

Otra cosa a tomar en cuenta es que a nadie le gusta eso de “restricciones aplican” o “condiciones aplican” que inventó Dios con segunda intención y que se puede comparar con la letra menuda que aparece al final de los contratos y negocios turbios, pero que son “legales”.

La vaina fue que los seres humanos descendientes de Adán y Eva alcanzamos terminación en el castigo que ellos sufrieron por no leer la letra menuda. Cierto, después Dios inventó otros subterfugios para redimirnos pero eso ya es harina de otro costal.

Ahora para vender cualquier calache, seguro, o rifar alguna baba de perico, los arteros comerciantes nos cantan, allá en la cola de la oferta, como para que no escuchemos ni leamos, los consabidos “Aplican condiciones”, “Aplican restricciones” y “Restricciones aplican”. Palabrejas que son “la letra menuda” que sirve de engañifa para captar incautos y anular reclamos.

Pero como les digo, esa cola de mico de “restricciones aplican” es una picardía milenaria. Fue un recurso de Yavé para escamotear el Paraíso a los humanos, que por cierto fueron creados “a su imagen y semejanza”, pero para estar, cegatones, a su servicio.

*Catedrático de periodismo