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Lo más relevante del discurso de Ortega el pasado jueves -con motivo del 33 aniversario de la secuestrada Revolución que hicimos muchísimos nicaragüenses, incluyendo no miembros del FSLN- fue lo que no dijo.

¡Qué prudencia!, dirán algunos.

¡Qué irresponsabilidad!, en verdad.

Ortega no se refirió a ninguno de los grandes temas que preocupan actualmente a los nicaragüenses, en lo político, económico y social. Salvo vagas referencias a la pobreza, que por cierto no ha disminuido en proporción a las circunstancias tan favorables que ha tenido su gobierno, Ortega ignoró todos los otros temas por los cuales nicaragüenses, genuinamente preocupados por Nicaragua, seguramente estuvieron atentos a lo que diría.

No dijo una sola palabra sobre las demandas de la comunidad internacional y nacional -Conferencia Episcopal, dirigentes religiosos de otras denominaciones, Cosep, Amcham, ONG, y, desde luego, partidos políticos de oposición- para que se mejore el sistema electoral. Por el contrario, se limitó a confirmar, en sintonía con el “vamos hacia nuevas victorias” de su agobiante publicidad, que los resultados de las elecciones municipales estaban preestablecidos, porque dio a entender que ya las había ganado. Enhorabuena, porque solamente viene a confirmar lo que ya sabíamos, que nuestras elecciones crecientemente se parecen más a las soviéticas y cubanas, en que el partido de gobierno obtiene el 99% de los votos, o más. O las últimas de Sadam Hussein, en Iraq, en donde obtuvo una cifra semejante.

Tampoco dijo nada sobre el waiver (dispensa) del cual se tendrá una decisión del Gobierno norteamericano en las próximas dos semanas, y que tanta importancia tiene para el financiamiento externo del país y, por tanto, de la economía nacional.

Prudencia, volverán a decir.

Pero, en verdad, es irresponsabilidad. En democracia, los gobernantes rinden cuenta. Informan a sus ciudadanos sobre los temas en discusión. Adoptan sus decisiones, y asumen las consecuencias de las mismas en elecciones en que los votos se cuentan bien. Por eso la alternancia en el gobierno, es una de las claves esenciales de la democracia, porque a veces los votantes discrepan de sus gobernantes. Y la estabilidad a largo plazo, solamente es posible en democracia porque sencillamente la sociedad asume plenamente esa noción, que los gobernantes pueden ser cambiados porque se equivocan o su gestión no produce los resultados esperados.

Para quienes creen que Ortega fue prudente, les sugeriría que vuelvan a escuchar su discurso y presten atención a la recurrente expresión “el adversario”, “los adversarios”. Manera un tanto críptica, pero evidentemente amenazante, de decir que no tolerará discrepancias con su forma de gobernar. Podrá aguantarlas momentáneamente, pero intentará cobrárselas más temprano que tarde. En la expresión “adversarios” caben todos, unos hoy, otros mañana. Y en su lógica totalizante del poder, los adversarios son todos los demás, unos políticos, otros económicos, unos nacionales, otros internacionales.

En su discurso Ortega no fue prudente. Fue omiso. Omitió lo que quiso haber dicho, en relación al sistema electoral y el waiver: que le importa un comino las demandas de los ciudadanos y de la comunidad internacional. Y omitió lo que debería haber dicho, pero no está dispuesto a decirlo porque solamente le interesa su poder: que para asegurar la estabilidad y convivencia pacífica de los nicaragüenses, y la cooperación internacional que tanto se necesita para ir solucionando los graves problemas de atraso y pobreza, se prestará atención a las propuestas y recomendaciones que eviten que sea la violencia, como hace 33 años, el único medio de desahogo de la frustración y el desencanto.

*Economista