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La mitología nórdica es, junto con la griega, una de las más ricas y creativas por la variedad de personajes (dioses, héroes, villanos y criaturas fabulosas), como por la cantidad de elementos que conforman un universo mágico con un vasto tejido mitológico que ha sido fuente de inspiración para poetas, pintores, escritores y músicos, a través de los siglos.

Una de las criaturas de la mitología griega que siempre ha cautivado la imaginación, es el caballo volador, el más famoso de los cuales fue Pegaso, que también tuvo sus iguales dentro de la mitología nórdica.

Pegaso, del griego Pagé –que significa “manantial”-, es el caballo blanco de alas doradas que nació del chorro de sangre que brotó cuando Perseo, hijo de Dánae y Zeus, cortó la cabeza a Medusa, la más letal de las 3 Gorgonas. A Pegaso se le conoce también como el caballo de Zeus.

Perseo, con la ayuda de Pegaso, pudo liberar a Andrómeda, hija del rey de Etiopía, que había sido atada a una roca para ser devorada por el monstruo marino Ceto, en castigo por haber disputado el premio de la hermosura a las Nereidas. Después de liberada, Andrómeda se convirtió en la esposa de Perseo.

Encontrándose Pegaso en el monte Helicón, en la Beocia, un día que era montado por Euterpe, musa de la poesía lírica y de la música, fue pinchado por esta provocando que diera una terrible coz en el suelo, brotando inmediatamente la fuente Hipocrene, que en adelante sería muy visitada por los poetas. Tal situación provocó los celos de Calíope, musa de la elocuencia y la poesía épica, que condenó a Pegaso a llevar sobre sus lomos a los jinetes del Apocalipsis: La guerra, la peste, el hambre y la muerte.

Después de Perseo, la aventura más conspicua de este caballo volador fue con Belerofonte, hijo del rey Glauco de Corinto. Belerofonte, ayudado por Pegaso, pudo conquistar a la hija de Proteo, rey de Argos, y aniquilar a la Quimera, monstruo que tenía cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de serpiente.

En la mitología nórdica, las Walkirias, cuyo nombre significa “seleccionadoras de los caídos”, eran mujeres guerreras –como las amazonas griegas- que servían al dios Odín y cabalgaban por el aire montando caballos voladores como Pegaso. Su principal misión era llevar a los guerreros muertos en batalla al Valhalla, el palacio de Odín en Asgard.

Odín poseía el caballo Sleipnir, que tenía 4 patas traseras y 4 delanteras, lo que le daba una fortaleza y velocidad que ningún otro caballo poseía. Sleipnir podía conducir a Odín por tierra, mar y aire, e inclusive, llevarlo hasta el Reino de los Muertos y retornar sin ningún problema. El mito escandinavo vincula el origen de Sleipnir a la construcción de las murallas del Valhalla.

La mitología nórdica inspiró “El cantar de los Nibelungos” en el que se basó Richard Wagner, para componer la tetralogía musical conocida como “El anillo de los Nibelungos”, siendo “La cabalgata de las Walkirias” el primer acto de esa obra monumental.

El mito del caballo volador encarna la aspiración del ser humano por trascender el mundo material, remontándose a regiones elevadas, espiritualmente hablando. Pegaso simboliza también la inspiración poética y en tal sentido nuestro insigne vate, Rubén Darío, no pudo escapar al influjo griego del caballo volador, habiéndole dedicado en Cantos de Vida y Esperanza su poema VII, Pegaso, cuya estrofa final dice:

Domador del corcel de cascos de diamante,

voy en un gran volar, con la aurora por guía,

adelante en el vasto azur, ¡siempre adelante!

* Economista