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Rubén Darío es integrante del canon occidental y encabeza a los autores canónicos de América Latina, seguido por Jorge Luis Borges, Alejo Carpentier, Pablo Neruda y César Vallejo, entre otros. Ese es un lujo que difícilmente se puede dar un autor mundial o latinoamericano, porque el canon cada día se estrecha más.

Un autor canónico es una autoridad en nuestra cultura, dice Harold Bloom, en su magistral libro, El canon occidental, y en cuya lista aparece como tal Rubén Darío, para dolor de los que le atacan cobardemente, pues no puede responder a las agresiones verbales de quienes sufren la “angustia de las influencias”.

¿Qué convierte en canónico a un autor? El sentido de extrañeza, esa extrañeza que sintió Juan Varela en su primera lectura de Azul… Esa extrañeza que causa Prosas Profanas, Cantos de Vida de Esperanza y muchas otras obras de Darío.

¿Cómo irrumpe un escritor en el canon? Gracias a su fuerza estética.

La fuerza estética se caracteriza por el dominio del lenguaje metafórico, que Rubén lo tenía en demasía; su originalidad, que fue construyendo a lo largo de su vida; el poder cognoscitivo, que se revela en toda su obra literaria, y la sabiduría de sus textos, aun cuando la sabiduría es una búsqueda permanente.

Al igual que Rubén, un autor canónico lo es no por sus acciones sociales o subordinación a una ideología, o ser obrerista o de izquierda; lo logra por su fuerza y dignidad estética, y porque a lo largo del tiempo, dada su extrañeza, es un autor que nos obliga a su relectura.

¿De qué depende el valor estético de la obra de un autor canónico? Emana de la lucha entre los textos: en el lector, en el lenguaje, en las de discusiones que genera en la sociedad, dice Bloom.

Los grandes textos, explica el autor de El canon occidental, son siempre reescritura o revisionismo; los originales no son originales, pero esa ironía, el autor canónico la supera, porque sabe cómo pedir prestado.

Toda gran obra es precedida por otras, los grandes autores siempre están reescribiendo a sus antecesores, de ahí la angustia de las influencias, esa lucha agonista que unos superan con una nueva obra canónica, o simplemente se quedan relegados en la mediocridad.

Bien es cierto que de todo el caudal poético, al final son 3 ó 5 poemas los que quedan en la memoria colectiva, al decir de Octavio Paz. Aunque en Rubén sucede un fenómeno extraordinario: su poesía y su prosa tienen muchas articulaciones y es un autor que convierte sus versos en expresiones de la vida cotidiana.

Cualquier conjetura sobre Rubén Darío, dado este marco de referencia, queda relegada y se convierte en necia crítica.

* Escritor y desarrollador de aplicaciones educativas.