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En estos días de creciente inseguridad y desprecio por la vida humana, cuando parece que la niñez y la juventud no tienen donde reposar su cabeza, urgen las reflexiones y las acciones de todos los actores responsables de la educación y la formación de los maestros y los estudiantes de nuestro país.

En este caso las instituciones de Educación Superior y las escuelas normales, deben no solo incidir en la formación y la producción de bachilleres profesionales sino en la capacitación de los docentes de los subsistemas de educación en el país en los contenidos de una educación en y para la paz.

Uno de los temas de la educación para la paz es el de los derechos humanos. Toda esta educación para la paz debe concebirse como la acción fundamental para la construcción de una cultura universal de paz como superación de la cultura de la violencia.

Decimos esto porque los derechos humanos universales comprenden una ética global estructurada con base en los principios y valores necesarios para la convivencia humana pacífica. Deben conocerse los valores implícitos de los derechos humanos para que la vida, la libertad y la seguridad sean posibles. Además, los derechos humanos son instrumentos jurídicos internacionales, prerrogativas y facultades que sostienen y protegen la dignidad de la persona humana.

Aún más, tenemos el derecho humano a la educación no como un logro o una generosa concesión de un gobierno cualquiera, sino porque desde 1948 este derecho fundamental se había consagrado en el artículo 26 de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Y podemos agregar con certeza y plena convicción que todo ser humano tiene derecho a recibir una educación en y para la paz y los derechos humanos y a pedir que esta educación sea el fundamento del sistema educativo.

En el contexto actual y los problemas éticos y políticos que se debaten en la palestra pública, la universidad no puede reducirse a ser el reducto de una élite inmovilista sino dar respuestas a las carencias de conocimiento de la sociedad.

La universidad es el espacio del diálogo, la tolerancia, la reflexión y la acción consecuente para determinar cambios culturales y conductuales por su medio privilegiado: la educación.

Las declaraciones, pactos, protocolos y convenciones que hemos suscrito o ratificado como Estado Miembro de las Naciones Unidas, desde 1945 a la fecha, nos obligan y comprometen a cumplir y respetar la plena vigencia de los derechos humanos que hemos incorporado a nuestra legislación interna.

En diciembre de 2011, la Organización de las Naciones Unidas aprobó la “Declaración sobre Educación y Formación en materia de Derechos Humanos”, donde se sostiene que la educación en derechos humanos afecta a todas la edades y concierne a toda la sociedad y a todos los niveles de enseñanza, en el ámbito escolar o extraescolar y en especial a en la formación de formadores, maestros y funcionarios públicos.

Según el artículo 46 de nuestra Constitución Política vigente y sus reformas, en el territorio nacional toda persona goza de la protección estatal y del reconocimiento de los derechos inherentes de la persona humana.

Y como un preciso instrumento existe la Ley 201, Ley de Promoción de Derechos Humanos y de la Enseñanza de la Constitución Política de 1995, que en su Artículo 1 manda que: “La Constitución Política y los Derechos Humanos serán materia de enseñanza obligatoria en la educación preescolar, primaria, educación media y técnico vocacional”.

Así que la educación en derechos humanos debe establecerse en el sistema educativo nacional, empezando con la capacitación permanente del magisterio en esta materia que conduce a prevenir la violencia antes que reprimirla o reproducirla. Un vasto y preciso Plan Nacional de Educación en Derechos Humanos nos daría respuesta a tantos problemas y conflictos que no se gestionan por falta de capacidad de los actores sociales.

Las universidades, por ejemplo, pueden abrirse a la sociedad para enseñar qué son y cómo evolucionan los derechos humanos para respetarlos, lo mismo que para prevenir y resolver pacíficamente los conflictos. Si no conocemos los derechos humanos cómo vamos a defenderlos. Por lo tanto hay que aprenderlos; debemos tener una educación básica en los derechos humanos y las libertades fundamentales.

* Profesor