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Nadie puede negar que con el gobierno presidido por el comandante Daniel Ortega ha habido bastantes avances en el mejoramiento de nuestro país; tampoco se puede ocultar que estamos viviendo situaciones difíciles, tanto por la crisis financiera mundial como por situaciones político-partidarias internas.

Nicaragua está llena de “opinólogos”, “analistólogos”, “gurúes”, “irreponibles”, “envitrinados”, “supranaturales”, “irremplazables”, “ungidos”, “vacas sagradas”, “genios” e “ilusionistas” en la autollamada “clase política” -como dice el Dr. León Núñez-, descubridores de la pobreza y grandes políglotas del hambre, que no han conocido.

Para algunos de estos personajes que viven de la “industria política y el erario público”, existe pobreza teórica y pobreza real, donde el pobre no tiene nada que perder, solo la vida. Todo esto ha creado una división social que refleja la existente desigualdad socioeconómica, que se ha tomado como una actitud casi normal y natural entre estos seres “vivos”.

“Al pobre usted siempre lo tendrá -dice la Biblia-, pero en cuanto al hombre rico, se desvanecerá como una flor delicada bajo el sol de mediodía” (Santiago 1:11).

Desde el origen de la vida se vive la desigualdad. Por eso se dice que “ni los dedos de la mano son iguales” y que nadie es inmortal, perfecto ni divino, solo Dios, y que la peor desigualdad es la económica-social, que crea ciudadanos de primera a quinta categoría. Esto tiene efectos negativos, porque deteriora más el tejido social de la gran mayoría de ciudadanos sin oportunidades de desarrollo humano –algo que trasciende lo político-partidario-, más cuando el poder político y económico privilegia a una minoría: elites, castas familiares y alcurnias; funcionarios públicos y de partidos cuya arrogancia, prepotencia, soberbia y fastuosidad es una ofensa a la pobreza. Son cosas reales que ve, nota y vive el ciudadano, y no se puede tapar el Sol con un dedo.

Este 19 de Julio se cumplieron 33 años del derrocamiento político-militar de la dictadura dinástica de la familia Somoza; precisamente vale recordar en este otro aniversario (como lo escribió en los estatutos históricos el fundador del FSLN Carlos Fonseca A.), a los luchadores que sacrificaron sus vidas, familias y estudios en los tiempos más difíciles del FSLN (unos murieron junto a los pobres por su causa y otros aún viven), quienes “mordieron el leño” en la clandestinidad y en el interior del país, ahora marginados y abandonados con sus familias, pasando grandes penurias y pobreza extrema, desconocidos por los actuales “vivianes” y los relevos partidarios. Algunos ahora son parte de los “nuevos ricos” que viven la “dolce vita” a la sombra del poder. Esta es una desigualdad extrema, por lo cristiano, socialista y solidario el gobierno debe corregirla.

En este “burumbumbum” del momento político ha resurgido entre diferentes sectores de la sociedad adversos al gobierno, la necesidad de un diálogo nacional. Si utópicamente éste se llegara a realizar, debería partir de la premisa del origen de la desigualdad social en Nicaragua; punto que permitiría a los dialogantes que las diferencias se expresen y no se ulceren -porque hay que estar claros, que toda forma de represión de parte del gobierno aviva la furia-, y con seriedad buscarle salidas políticas decentes, soluciones pacíficas viables y no traumáticas a la situación.

Buscar una especie de “pacto” o “contrato social” podría ser una forma ideal de entendimiento entre gobernantes y gobernados; que llegue a tener consecuencias racionales y tácticas inevitables, que nos permita conformar una sociedad civil más igualitaria, con visión de nación. “Ay de los que dictan leyes injustas y prescriben tiranía para apartar del juicio a los pobres, y para quitar el derecho a los afligidos de mi pueblo, para despojar a las viudas y robar a los huérfanos” (Amos 5:15).

“La boca habla mucho, los hechos son los que dicen”, reza un refrán. Tampoco se puede obviar que existe la necesidad real de un proceso de formación cívico-político, para que muchos de los que viven de la “industria política”, no sigan siendo vergüenza para los que escuchan. Ojala la razón domine.

* Periodista

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