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Cada vez que en Nicaragua se habla de aprobar una ley para regular el ejercicio profesional de los periodistas, el argumento dominante que suele esgrimirse es que la mejor ley es la autorregulación de periodistas y medios, pero, ¿en realidad está funcionando la autorregulación en Nicaragua? Para aproximarnos a esta respuesta intentaremos poner en perspectiva la tesis que plantean Arantza Echaniz y Juan Pagola, en su texto Mecanismo de autorregulación de los medios.

La autorregulación no es un ejercicio en el vacío, el cual queda a la discrecionalidad, sino que debe gozar de un Código Deontológico, el cual busca el “camino concreto”, y por qué no, apuesta a la “formación ética de los comunicadores”. La autorregulación implica asumir una actitud autocrítica que debe traducirse en un cambio consciente y responsable. Permite delimitar el campo de actuación, alerta sobre conductas alejadas del bien común e invita al profesional dirigir sus acciones para fomentar valores.

Lo ideal sería que existiera un solo Código Deontológico, consensuado entre periodistas, medios, Colegio de Periodistas, universidades, observatorios de medios, sin embargo, la tendencia a nivel internacional es que cada medio aprueba su propio mecanismo de autorregulación.

El riesgo de estos mecanismos es que muchas veces son utilizados más como instrumentos para “lavados de cara” y para justificar las negligencias y excesos, que para rendir cuentas y evitar los conflictos de interés.

Los Códigos Deontológicos resultan un documento valioso para asumir compromisos explícitos con lectores, audiencias y usuarios; ayudan a dar salidas éticas a los distintos dilemas y un marco referencial para que los periodistas exijan cierta autonomía ante la política editorial. Tienen como principio demandar información objetiva y veraz, prohibir toda manipulación de la realidad y manipulación hacia el receptor y guardar confidencialidad en beneficio de la fuente o protagonista de la noticia.

Los Códigos Deontológicos buscan corregir una serie de pecados capitales que van desde la confusión entre información y opinión, la preeminencia de la imagen, invasión de intimidad y vida privada, la información ligada al espectáculo en busca del rating, abuso de sensacionalismo, facilismo, mal uso de la libertad de expresión y manipulación.

Una autentica práctica de autorregulación debe nacer como una propuesta autónoma del poder político y económico. Se trata de un mecanismo que debe ir más allá de la Sala de Redacción y ser retroalimentado con la participación de la sociedad civil y observatorios de medios, basado en la veracidad de las informaciones, respeto a la vida privada, a la moral y honradez profesional, y el fortalecimiento de colaboración entre profesionales de la comunicación.

En Nicaragua, a pesar que periodistas y medios suelen hablar de autorregulación, caben en una mano los medios que han establecidos mecanismos formales de autorregulación. La gran mayoría de medios continúan apelando a mecanismos de autorregulación discrecionales, que se corroboran en abuso de la nota roja, publirreportajes y prácticas editorialistas vendidas como información.

A la luz de la tesis de Echaniz y Pagola, hasta ahora solo dos medios nicaragüenses han establecido Códigos Deontológicos, bajo la figura del Libro de Estilo. Este gran déficit revela que la gran mayoría de medios carecen de mecanismos de autorregulación; denota que periodistas y medios no quieren asumir compromisos de autorregulación, ya sea bajo la figura del Defensor del Lector, Consejo de Prensa y Códigos Deontológicos.

Aunque los más escépticos restan importancia a los Códigos Deontológicos por no tener fuerza de ley, resultan sumamente cruciales para que medios y periodistas restituyan su rol social y democrático en la sociedad. No bastan las buenas intenciones de autorregulación, si en realidad los medios y periodistas dicen tener un compromiso con el público, resulta necesario que implementen mecanismos formales de autorregulación, no importa cuál sea la figura (Manual de Estilo, Defensor del Lector o Consejo de Lector), de lo contrario, la supuesta autorregulación continuará siendo un discurso hueco, en detrimento de la propia credibilidad de medios y periodista en la sociedad.

* Comunicólogo