•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

En Nicaragua ha existido desde siempre una ideologización de la literatura y de la historia. Desde esa perspectiva se ha formado un canon que los grupos hegemónicos nos imputan desde el poder, como ciertos y verdaderos; y, en la historia, mitos que de manera irreflexiva repetimos.

Si tomamos como base la definición de ideología de Mannheim, podríamos deducir que son las ideas que un grupo de intereses promueve para engañar a otros.

Marx, aunque no realizó una definición explícita le llamó “falsa conciencia”. Desde el punto de vista social sirve para justificar el poder y para integrar a la sociedad políticamente, pero en base a la obediencia y la dominación.

Poder e ideología han sido la base para la construcción de los Estados modernos. La conquista se basó en las ideas de Aristóteles sobre la servidumbre natural y el Nuevo Testamento; sirvió para que Sepúlveda justificara que la única forma de rescatar de la ignorancia a estos “bárbaros” marginados del conocimiento de Dios, era a través de la evangelización.

Destrucción e imposición fue nuestra carta de nacimiento. La lengua, extensión de la dominación. Antonio de Nebrija lo sentenció: “Siempre la lengua fue compañera del imperio”. Durante tres siglos la Santa Inquisición dictó el canon: A los indígenas se les prohibía leer libros de “romances, de materias profanas a fábulas… libros de Amadis y otros de esta calidad de mentirosas historias”. Una lista completa de los libros prohibidos lo encontramos en el “Inventario de los documentos, libros y estampas del Comisario de la Inquisición en Guatemala”.

A pesar de la prohibición, en América se leían libros que eran acusados de contener “doctrina subversiva, antirreligiosa, lasciva o anónima”. El anti-canon: la Enciclopedia, Bacon, Buffon, Bayle, Rousseau, Voltaire, y hasta los libros del sacerdote Francisco Suárez.

No es sorprendente entonces deducir que desde siempre ha existido un canon oficial, el elaborado por las élites e impuesto por el Estado para reproducir la ideología del poder. La Iglesia, los centros educativos, la radio y la televisión, por un lado; y el mercado, controlado por los grupos hegemónicos, por el otro, son los encargados de la prolongación y justificación de esa dominación.

El canon está condicionado por un grupo que organiza los valores y gustos, y legitima la existencia a través de los aparatos del Estado. La mayor expresión de poder, literatura e historia la han realizado en Nicaragua el Movimiento de Vanguardia y los ideólogos conservadores. En historia impusieron hechos y personajes; corpus reipublicae muysticum: permanencia y cambio, que constituye el tradicionalismo conservador.

En literatura no sólo luchan contra la herencia modernista de Darío, sino que reclaman una cultura nacional que sea tanto vernácula como universal. En palabras de Sergio Ramírez “Este reclamo por lo propio y por lo tradicional, que busca el regreso a las raíces, se extiende al habla popular, la artesanía, la música, la historia, la moda y los modos de vida, y aún la política”.

Los intelectuales de la revolución sandinista no consumaron una ruptura con la Vanguardia, sino que la legitimaron y la institucionalizaron. Acomodan las hazañas de los “subalternos” a su visión reconstructiva de los hechos; incluso muchas veces contadas de manera alterada y manipulada.

A nivel personal, los “letrados” herederos de la Vanguardia emulan a esta, teniendo amanuenses que hacen de promotores de su obra, y estos a su vez se creen ya ungidos para continuar con la obra de canonización literaria, pero sin una formación académica seria.

A esto se refiere Eunice Shade en su artículo: Algunos puntos sobre las íes. Sobre la “generación 2000” en Nicaragua (eushade.blogspot.com), cuando dice: “La generación de jóvenes reproduce antivalores de las generaciones predecesoras, basados en lealtades personales… más se dedican a la promoción que a la creación, y al negocio literario… Monopolizan la cooperación literaria internacional para favoritismos y conveniencias personales… No hay investigación seria… Se confunde la frontera entre la política y la literatura…” Y por último reflexiona que “existe en Nicaragua una elite del poder cultural, no de la literatura”.

Como plantea el problema Eunice Shade, la literatura que escriben los jóvenes de hoy, y su promoción, no está basada en rupturas y cambio de valores y temas, sino que continúa en esa vieja tradición de la autopromoción. Y sigue presa en ese laberinto de máscaras y mentiras.

Harold Bloom recomendaba que la construcción del canon debe estar basada exclusivamente en presupuestos estéticos, nunca ideológicos; lastimosamente en Nicaragua ha sido al revés.

* Historiador. Autor del libro: Entre el poder y la historia: Ideologías transmutadas. CNE, 2000