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Es decir, todo lo que es razonable, por el hecho de serlo, existe, aunque idealmente. Y toda la realidad, por el hecho de que ella es o exista es razonablemente cognoscible. Es la unidad entre la razón y la realidad.

Fichte proclamó el ‘‘sujeto absoluto’’ como ‘‘yo’’ y Schelling, el ‘‘objeto absoluto’’ como ‘‘Naturaleza’’, en donde lo subjetivo y objetivo se identifican. Pero Hegel fue aún más lejos: consideró el ‘‘Absoluto’’ como idea y la identificó con el pensamiento. ‘‘La idea es la razón en el sentido filosófico; es el sujeto-objeto, la unidad de lo ideal y de lo real, de lo finito e infinito, del alma y del cuerpo…’’ Y posteriormente afirmará: ‘‘Esta Idea Absoluta es la unidad de la idea teórica y de la idea práctica, de la vida y del conocimiento’’ y viene a identificarse con el pensamiento que se piensa a sí mismo.

Y como el absoluto es la vida en su totalidad de lo infinito y finito de lo uno y lo múltiple, del sujeto del objeto, la razón es la única capaz de resolver las oposiciones en una unidad superior, que es la ‘‘identidad en la diferencia’’.

La dialéctica hegeliana consiste en establecer una ‘‘tesis’’, su contrario, una ‘‘antítesis’’ y su resolución en una ‘‘síntesis’’. A cada afirmación de algo le corresponde su respectiva negación y al choque entre ambos, una solución o conclusión que posteriormente se conviene en otra tesis, y así sucesivamente.

Su dialéctica no es un simple ‘‘método’’ de pensamiento para interpretar la realidad, sino más bien se constituye en principio del movimiento constructivo del espíritu, de la naturaleza y de toda la historia y cultura humana. A esta seudo-ontología hegeliana se le ha llamado ‘‘panlogismo’’, que significa, a saber: ver la realidad como un todo desde una óptica estrictamente racional y absolutista.

Hegel capta la realidad del Universo como un puro ‘‘devenir’’, en donde este juego dialéctico juega un papel preponderante y dice que ese ‘‘devenir’’ es lo que está en medio del ser y la nada: ‘‘El ser y la nada, en cuanto no forman mas que una cosa con el ‘‘devenir’’, desaparecen. El devenir, a consecuencia de la oposición del ser y la nada que en el se contiene, llega a la unidad, en que los contrarios se encuentran suprimidos, y el resultado de este tránsito es la ‘‘existencia’’, o más propiamente, el ser determinado (Dasein)’.

En términos dialécticos: Tesis: el Ser; Antítesis: el No-Ser; Síntesis: el Devenir= la Existencia.

Y en términos más específicos, nos dicen E. Brehier: ‘‘La tríada hegeliana es el movimiento de una realidad que, puesta primero en si (Tesis), se desenvuelve fuera de sí o por sí en su manifestación o su verbo (Antítesis), para volver en seguida a sí y permanecer consigo (Síntesis) como ser desarrollado y manifiesto”.

Por lo tanto, el Absoluto retornará a sí cuando haya cumplido este juego dialéctico: el ‘‘en sí’’ (an sich) como subjetivo; el ‘‘por sí’’ (in sich), como objetivo y el ‘‘en y por sí’’ (bei sich) como Espíritu Absoluto.

La teoría de Hegel tiene sus orígenes en Heráclito de Éfeso, el fundador del ‘‘movilismo puro’’, con su concepción del mundo como eterno fluir de las cosas.

La deficiencia de esta filosofía consiste en que Hegel nunca respetó el “Principio de no contradicción o Identidad’’. Las cosas no pueden ser y no ser al mismo tiempo, la mente necesita de la identidad de las cosas para definir lo que las ellas en verdad son. Hay que reconocer que, en medio de todos los cambios, existen siempre realidades y verdades que siempre permanecen.

Hegel puso en marcha a muchas mentes privilegiadas, entre ellos Karl Marx con sus famosas teorías del materialismo dialéctico e histórico. Pero este tema es para otro escrito.

* Ph.D. Catedrático de Filosofía en Ave Maria University.

juan.cuadra@avemaria.edu.ni