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Sergio Ramírez, uno de nuestros escritores más reconocidos y valorados internacionalmente, cumple 70 años este domingo 5 de agosto. También se cumplen 50 años de su fecunda trayectoria literaria, iniciada tempranamente a los 20 años de edad en la ciudad de León, cuando era un estudiante de la Facultad de Derecho de la UNAN. Hoy día, con 48 obras publicadas y traducidas a 15 idiomas, Sergio Ramírez pertenece al selecto grupo de los más editados y leídos narradores latinoamericanos. Es, sin duda, una prestigiosa figura de las letras hispanoamericanas.

Su primer libro, editado por la Editorial Nicaragüense de Mario Cajina Vega con el modesto título de “Cuentos”, apareció en 1963. En mi calidad de Rector de la UNAN, auspicié la publicación de su segundo libro de narraciones: “Nuevos Cuentos” (1969), y en 1971 su biografía de Mariano Fiallos Gil.

Cuando tengo en mis manos las obras de Sergio, difundidas ampliamente por Alfaguara, no puedo menos que evocar la trayectoria de aquel muchacho alto y delgado de Masatepe, que llegó a León en mayo de 1959 para iniciar sus estudios universitarios y que, afortunadamente, sería uno de los sobrevivientes de la masacre del 23 de Julio. A la par de alcanzar en sus estudios de Derecho las más altas distinciones académicas, Sergio fundó, con el malogrado Fernando Gordillo, la revista VENTANA, que fue el vehículo de un grupo de jóvenes escritores que promovían la renovación de la literatura sin dejar de lado su compromiso social.

Pronto el rector de la Autonomía, Mariano Fiallos Gil, descubrió en aquel aspirante a abogado un prometedor talento literario y lo incorporó a su equipo de colaboradores más cercanos, de donde más tarde me correspondería, con la venia del Rector, llevármelo a San José de Costa Rica para colaborar conmigo en la aventura de la integración universitaria centroamericana promovida por el Csuca.

Todo esto llega a mi memoria, en una rápida sucesión de imágenes, cuando tomo del anaquel la última novela de Sergio, “La fugitiva”, ahora un escritor laureado con varios premios internacionales. Y pienso en la pareja de jovencitos recién casados, Sergio y Tulita, que una mañana llegaron en un vuelo de la Pan American a San José de Costa Rica para iniciar una nueva etapa de sus vidas, que combinaría la tarea universitaria, la creación literaria y el compromiso revolucionario.

Y es precisamente Sergio quien nos ha dado el mejor testimonio sobre lo que significó la Revolución para muchos de nosotros. “Adiós Muchachos”, su nostálgico libro de memorias, está escrito con la convicción de quien asume, con entereza, la tarea de dar un testimonio honesto, franco, de esa Revolución, tal como él la vivió, sin ocultar ni justificar errores, desviaciones o debilidades, y de todo lo que significó aquel proceso, tan hermoso en sus inicios, devenido luego en trágica confrontación, como pocas veces en nuestra historia, y que desgarró a la nación y a las familias nicaragüenses. Pero dejó una huella imborrable en todos nosotros y, como dice Sergio, “no quisiéramos, de manera alguna, habérnosla perdido”.

Las novelas y cuentos de Sergio han merecido premios internacionales. Así, Castigo Divino (1988), recibió el Premio Internacional Hammeth de Novela; Un baile de máscaras (1995), el Premio Laure Bataillon a la mejor novela extranjera traducida en Francia; Margarita está linda la mar, ganó el Premio Alfaguara de Novela en 1998. Otras distinciones recibidas por Sergio en su brillante carrera de escritor son: el premio latinoamericano José María Arguedas (1990); el Premio Bruno Kreisky a los Derechos Humanos de Austria; la Orden de Caballero de las Artes y las Letras de Francia; la Cruz al Mérito, de Alemania; la Medalla Presidencial de Chile, en ocasión del centenario de Pablo Neruda, y el Premio Iberoamericano de las Letras José Donoso (2011), que otorga la Universidad de Talca, Chile. También posee varios Doctorados Honoris Causa, concedidos por Universidades de Francia, Argentina, Ecuador y Panamá.

Sobre su novela “Castigo Divino”, el recién fallecido Carlos Fuentes escribió lo siguiente: “Entre la plenitud de la comedia y la inminencia de la tragedia, Sergio Ramírez ha escrito la gran novela de Centroamérica, la novela que hacía falta para llegar a la intimidad de sus gentes, para viajar a la frontera misma entre sus tradiciones persistentes y sus posibilidades de renovación...”.

 

Managua, agosto de 2012

* Jurista, educador y escritor