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La era de la ventaja competitiva china de mano de obra barata, bien entrenada y sin derechos de huelga, parece estar llegando a su fin, una situación cuyas señales son la salida de ciertas empresas globales y su reubicación en otros países asiáticos u otros con salarios aún más bajos.

Foxconn, el fabricante de los iPods, iPads y iPhones de Apple en China –una subsidiaria de Hon Hai Precision Industry Co., el consorcio madre taiwanés que dirige Terry Gou-, está interesado en adquirir terrenos de 1,000 hectáreas en Indonesia. El gobierno indonesio, según reporta la revista Forbes en su sitio web, espera que éste sea el inicio de una inversión de US$ 10,000 millones de dólares.

El año pasado, Foxconn enfrentó una serie de huelgas en sus plantas chinas y el suicidio de varios de sus empleados, aparentemente agobiados por las duras condiciones de trabajo. Toyota y Honda también enfrentaron huelgas que llevaron a aumentos salariales.

La lógica detrás de una expansión de Foxconn en la nación del sudeste asiático es muy simple: en la costa de China -donde el asombroso desarrollo de las últimas décadas se ha concentrado – los salarios de los obreros promedian ya US$300 al mes, mientras que sus pares de Indonesia ganan en promedio unos US$100 mensuales.

En comparación con Nicaragua, aquí el salario mínimo en la industria manufacturera es de C$ 2,925.51, o unos US$ 122, según datos del Ministerio del Trabajo.

En 1978, cuando comenzaron las reformas económicas en China, el PIB per cápita era inferior a $1,000, mientras que en 2011 alcanzó los $8,500, un índice del avance (desigual, eso sí) de esa sociedad hacia la prosperidad.

“Los salarios de 167 millones de obreros migrantes, los peor pagados del país, aumentaron un 14.9% y llegaron a una media de 2,200 yuanes (282 euros), anunció a mediados de julio el gobierno chino”, cita un reporte de El Nuevo Herald.

Un estudio del banco de inversiones Natixis, publicado recientemente y que cita ese diario, estima que el costo de la mano de obra (industrial) en China equivaldría al de Estados Unidos en 4 años, al de la zona euro en 5 años y al de Japón en siete.

Esta situación llevará a la relocalización de la manufactura en muchas industrias que migrarán hacia países del sudeste asiático con menores costos como Cambodia, Laos o Vietnam; o a Bulgaria y Rumanía en Europa del Este (donde los salarios distan mucho aún de la media occidental); o a México y Centroamérica.

En algunos sectores de la industria, según un estudio del Boston Consulting Group en 2011, muchas de las fábricas que emigraron a China en la década anterior, podrían regresar a EU. Entre el presente y el 2020, tres millones de empleos podrían ser creados en EU como resultado de la reubicación de centros de manufactura fuera de China. En la década anterior, casi 6 millones de empleos estadounidenses migraron a las ciudades chinas.

Sin embargo, advierte Tim Worstall en Forbes, todo esto no significa que haya un retorno en masa del empleo industrial a EU.

Pese a la erosión de la ventaja competitiva de salarios y costos (también han subido los costos de transporte), China está pasando a otras etapas, a la especialización en productos de mayor valor agregado.

Una de las cosas asombrosas de su desarrollo reciente es que es un país que ha cubierto y cubre las distintas etapas del camino a la modernidad al mismo tiempo, logrando lo que a otros les ha tomado siglos o al menos muchas décadas.

Con respecto a Latinoamérica, el gigante asiático conserva aún muchas otras ventajas: una enorme inserción en redes globales (incluyendo de alta tecnología), una población muy grande, altos porcentajes de gente calificada sobre todo en ciencias exactas y tecnología, trabajadores más productivos, más inversión en educación e investigación, inmensas reservas monetarias y un espíritu empresarial formidable de su gente.

Para Nicaragua, las noticias son buenas. Significan una potencial mayor inversión, oportunidades para el crecimiento de las zonas francas de textiles, y quizás hasta para otros tipos de manufacturas donde los bajos costos son un factor clave.

 

* Periodista, analista de asuntos Asia-Pacífico