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Hegel tiene el enorme mérito de haber contribuido a la formación de dos disciplinas filosóficas nada despreciables, a saber: La Historia de la Filosofía y la Filosofía de la Historia. Ambas tienen en común la Filosofía y la Historia. Para él la historia es una larga cadena de reflexiones dirigidas por ciertas reglas según la época en que se desarrollan.

Al hablar Hegel del ‘‘Espíritu Universal’’, lo que nos quiere decir es que ese espíritu se va manifestando a través de la historia y esta historia es comparada a un rio, en donde existen un antes, un hoy, un después. Las ideas que hoy pueden ser muy atractivas, quizás mañana no lo sean tanto. Todo depende del lugar y el tiempo en que estas ideas se manifiestan.

De allí que en el curso del tiempo unas ideas anteceden a otras y estas, a su vez, a otras que las sucederán. Por ejemplo, en la Biblia, en el tiempo de Josué las guerras eran algo común y ordinario y hasta justificable. Hoy día, las guerras no son solo inmorales, sino son consideradas inhumanas. A esto llamó Hegel la ‘‘Evolución Dialéctica’’.

El Absoluto como Espíritu, según Hegel se desenvuelve en tres momentos: ‘‘en sí’’, ‘‘por sí’’ y el ‘‘para sí’’. El ‘‘en sí’’ es la ‘‘conciencia’’; el ‘‘por sí’’ es la ‘‘autoconciencia’’ y el ‘‘para sí’’ es el ‘‘espíritu’’. Para explicar estos tres momentos, es necesario decir que para Hegel, ‘‘la verdad es subjetiva’’, rechazando de plano todo conocimiento de tipo objetivo como lo es, por ejemplo, el de los ideólogos del fisicalismo. El opina que todo conocimiento es, principalmente, “conocimiento humano”. Vamos a explicar a continuación estos tres momentos:

La conciencia: toda filosofía comienza por la ‘‘sensación’’ o la ‘‘certeza sensible’’. Después pasa a la ‘‘percepción’’, que es la sensación de lo múltiple en la unidad del objeto. Y por último, el ‘‘entendimiento’’, que es el que verdaderamente piensa el objeto;

La autoconciencia: es cuando la conciencia se repliega sobre sí misma. Es ‘‘el saber de sí mismo en relación con el anterior (la conciencia), que es el saber de otro’’. Es la conciencia lúcida, que se capta así misma como centro. Del conocimiento implícito de la conciencia (‘‘en sí’’) para al conocimiento explícito de la auto- conciencia (‘‘para sí’’). Y la síntesis de ambas Hegel le da el nombre de ‘‘Razón’’;

El espíritu: aquí Hegel analiza la evolución del fenómeno religioso. En primer lugar, ‘‘la religión natural ‘‘de los pueblos orientales de los persas, hindúes y egipcios; en segundo lugar, la ‘‘religión estética’’ de los griegos y, en tercer lugar, ‘‘la religión revelada’’ o cristiana, con su propia interpretación. A todas estas religiones las introdujo en la filosofía del espíritu objetivo’’.

Hegel tomó de la teología cristiana, el misterio de la Trinidad para elaborar su filosofía del Espíritu: ‘‘Solamente el cristianismo, por su doctrina del Dios-hombre y de la presencia del Espíritu Santo en la comunión de los creyentes, ha introducido en la conciencia humana una relación completamente libre con el infinito y, a la par ha traído la posibilidad del conocimiento racional del espíritu en su absoluta infinitud’’.

Por consiguiente, el Espíritu es para Hegel, Libertad, Independencia. Es también independiente de la corporalidad, es lo universal, lo infinito. Y este “espíritu absoluto” se manifiesta en la conciencia del hombre pensante, por ello, no es naturaleza, sino espíritu.

Finalmente, Hegel hace una división de la ‘‘Filosofía del Espíritu’’ de la siguiente manera:

El Espíritu Subjetivo que se caracteriza por los seres pensantes y libres;

El Espíritu Objetivo que se caracteriza por las actividades libres en el mundo moral y social, y

El Espíritu Absoluto o Espíritu Infinito como la gran síntesis universal y total del espíritu hacia sí mismo.

* Ph.D. Catedrático de Filosofía, Ave Maria University.

juan.cuadra @avemaria.edu.ni