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En el actual capítulo de esta telenovela-culebrón llamado Nicaragua, con más de un siglo de rodaje, nadie se pregunta de dónde salieron las inmensas fortunas, las mansiones de los nuevos ricos, ni por qué 40 mil nicaragüenses dieron sus vidas por Nicaragua.

Nadie evoca la historia de la controversial Comisión Mixta de Reclamaciones. Conservadora de 1912, integrada por árbitros yanquis y financistas conservadores cuya labor fue –entre otras- resarcir fuertes sumas de dinero por supuestas “contribuciones forzosas” a ciudadanos que hicieron las sublevaciones conservadoras contra el gobierno del general Zelaya, hechos que cesaron en el gobierno del general Chamorro (1916) y que denuncia don Pío Bolaños en su libro “Historia de Granada”.

Tras la pausa honorable que trató de imponer en su gobierno el doctor Juan Bautista Sacasa, inició la era del somocismo -1934 hasta 1979-, en un aquelarre de corrupción en la que la familia Somoza acumuló –desde sus posiciones de poder- cientos de millones de dólares y miles de muertos; hechos denunciados por don Gustavo Alemán Bolaños en “Somoza, un Lombrosiano”, en miles de denuncias más y en “La Nicaragua de los Somoza”, de la española Dolores Ferrero.

Traído el culebrón al presente, los otrora desposeídos estudiantes de una clase económica pobre -jefes de la dictadura actual- son ahora los nuevos millonarios, empresarios y propietarios de mansiones, quienes con la magia de la prestidigitación pretenden construirse una inmaculada reputación que oponen al gran capital. Por arte de una esotérica magia, los magnates del pasado son los ricos malos de ayer, entretanto los magnates del presente son los buenos ricos de hoy.

¿Para qué sirvió entonces el sacrificio de 40 mil muertos de uno y otro bando? ¿Por qué en el presente episodio el culebrón casi es similar, parecido o igual a lo sucedido en la Segunda República Conservadora o en el régimen de los Somoza? ¿Para qué tanto dolor, pues la guerra civil nicaragüense se hizo para que hubieran menos pobres y menos ricos, si lo que hay ahora son cientos de miles de más pobres y cientos de millonarios más?

Los miles de cristianos que ahora aplauden a los jefes del actual culebrón, no se preguntan de dónde salieron sus riquezas, sus mansiones, pues nunca antes ninguno de estos crápulas fue empresario, ganadero, industrial, ni heredero de fortunas.

Al pueblo pobre que recibe láminas de zinc para protegerse de la lluvia, a los que reciben bonos en sus salarios, ALBA-becas, ALBA-medicamentos, basta mejorarles sus estados domésticos y darles sus cédulas rápido y a tiempo para obtener de ellos la gratitud de sus votos.

La nueva fiesta del culebrón pasó teniendo como foco de atención a la juventud, su promesa y seguridad de sus votos; el teatro, la fanfarria, el discurso del pésimo orador de siempre, responsable de la pobreza del país con sus trillados temas de hace 30 años: anti-somocismo, el codificado anti-imperialismo; elecciones observadas no; capitalismo salvaje no; capitalismo del siglo 21 sí, elecciones como yo quiera sí.

Los episodios del culebrón siguen, mientras el pueblo sigue poniendo el lomo; otros no encuentran donde depositar sus riquezas; una oposición comprada y timorata; la plaza llena de una juventud que desconoce el pasado y no imagina el país en el que va a vivir; en suma, somos un pueblo asombrosamente drogado por el olvido.

Por eso PAC pronosticaba que “de diez en diez, de cien en cien, de mil en mil, van los campesinos a la guerra civil”.

* Abogado y Notario