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La fonética, en términos comunes y corrientes, se refiere al conjunto de sonidos de una lengua en su realización concreta “independientemente –como explica Jean Dubois- de su función lingüística”. Esto significa que un fenómeno fonético no incide en el cambio de significado de una palabra; así, si en lugar de cinematógrafo digo “cine” o de autobús digo “bus”, simplemente estoy acortando la palabra, pero no alterando su significado.

Los fenómenos que vamos a presentar aquí responden a la fonética de observación directa, porque -como afirma André Martinet- nos basamos simplemente en el estudio de los sonidos utilizando los sentidos.

Un fenómeno de uso corriente es el rechazo por el hiato (encuentro de dos vocales que no forman diptongo). Para evitar el hiato, el pueblo emplea varios procedimientos:

1. Si son dos vocales iguales las contrae en una sola: ler (leer), crer (creer), etc.

2. Si son vocales diferentes, las asimila: contrer (contraer), trer (traer), etc.

3. Si se trata de una vocal abierta y una cerrada, entonces se carga el acento sobre la abierta: máiz (maíz), “¿Onde está mi pelo e mái”? canta Otto de la Rocha; paráiso (paraíso), como “El Paráiso”, el barrio de Managua, etc.

4. Si son dos vocales cerradas, o una vocal débil tónica y una abierta, intercala una consonante: diya (día), bateya (batea), Mariyita (Mariita), feya (fea), etc. Dice Carlos Mejía Godoy en ¨María de los Guardias: “Fue durante un tiroteyo /Contra un hombre arrecho llamado Sandino”.

5. Si son dos vocales abiertas, forman diptongo: pastoriar (pastorear), voltiar (voltear), pior (peor), Tiodoro (Teodoro), almuada (almohada), etc. Es una tendencia general del idioma. Dice Mejía Godoy en “Batiendo pinol” : “Batime un pinol Micaila/Porque a vos te gusta mover la rafaila”.

La reducción de grupos vocálicos se observa en: pitaya (pitahaya), alcol (alcohol), anque (aunque), rumatismo (reumatismo), amuinado (amohinado), etc. “Qué bueno... - dijo Jesús, sonriéndose como amuinado- ; pero es que él sabe lo que esto es para mí”. Fernando Silva. ¡Feliz Navidad Nicaragua! (END/ 22/12/01).

Otro fenómeno fonético es la asimilación. Consiste en convertir un sonido en otro igual, que generalmente se encuentra vecino, y también próximo a la vocal acentuada. Por ejemplo, la palabra párpado tiene el sonido “r” en la primera sílaba, entonces lo repite en la siguiente sílaba, cambiando de ese modo el que tenía la palabra original: “párparo”. (Y de aquí se pasa al verbo: parparear). Otro caso es el verbo alquilar, que los hablantes pronuncian “arquilar”, para repetir la “r” de la sílaba final.

Contrario a la asimilación, la disimilación consiste en pronunciar de manera diferente dos sonidos iguales en sílabas vecinas, como el caso de “márbol”, que cambia la “m” de la segunda sílaba (mármol) por “b”.

La analogía o semejanza, otro fenómeno fonético, consiste en la alteración de la palabra por la semejanza de unos sonidos con otros. Cuando el pueblo oye una voz nueva, trata -para explicársela o para conservarla en la memoria- de asimilarla a una palabra ya conocida. Por ejemplo, el tejido o tapiz que cubre el piso lo llama “alsombra” (y no alfombra, un arabismo), porque lo asocia con una palabra conocida: “sombra”. Fíjese usted: un hablante no tiene por qué saber que semáforo es un compuesto griego: sema, señal y foro, llevar, es decir, el aparato portador de una señal. No. Nuestros hablantes simplemente encuentran la explicación en una palabra conocida, “faro” con la cual la asocian, por eso dicen “semáfaro”.

Un arrendatario es una persona que alquila (“arquila”, dice un hablante) un inmueble, y es por tanto un “arquilino” (y no inquilino), porque no tiene por qué saber que el término “inquilino” viene del latín inquilinus.

Es la lengua del pueblo que dice las cosas como mejor le parece para expresar y sobre todo representar su propia realidad. Muchos de nuestros escritores, particularmente narradores, recrean hechos y vivencias populares, poniendo en boca de sus personajes esa manera peculiar de decir, para reflejar con autenticidad esa lengua cargada de expresividad. “El habla literaria – afirma Ramón Menéndez Pidal- es siempre la meta a que aspira el lenguaje popular, y, viceversa, la lengua popular es siempre fuente en que la lengua literaria gusta refrescarse.”

* Escritor y lingüista

rmatuslazo@hotmail.com