•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

El 9 de julio, el señor Manuel Aragón dio una conferencia en el Teatro Rubén Darío, sobre la visión anti-obrera de Rubén Darío, al que también calificó, justamente de racista. En su exposición, Aragón usó de referencia un artículo de 1893, que el poeta publicó en el Diario La Nación, de Argentina, bajo el título de “DINAMITA”. En él, Darío combate lo que llama “rabia anárquica” que, por desgracia, identifica con el socialismo y el comunismo, gracias a un desconocimiento total del pensamiento filosófico en general, y a una ignorancia completa –en lo particular- de la teoría del materialismo histórico, y de su aplicación como método de análisis del sistema económico capitalista; de comprensión de las causas objetivas y subjetivas de las transformaciones sociales y políticas.

Rubén, en ese malogrado artículo, confuso e histérico, exclama con desprecio: “toda Europa está minada por las caries socialistas. La filosofía de los apetitos se esparce como el soplo de una peste. Anarquistas, socialistas, comunistas, todos son uno. El empleo de mayor o menor cantidad de agua o jabón es lo que los distingue. Cada vez que la canalla alza una bandera pronuncia esa palabra: democracia”.

A Engels, con suma ignorancia del valor científico de sus aportes a las disciplinas de economía, filosofía, historia y política, le llama “ese filosofo de última hora”. Y para asegurar a cualquiera que él no posee conocimiento alguno de filosofía y de teoría política escribe: “Más que la moral es la estética la que me impulsa a combatir la rabia anárquica”.

Es decir, Rubén –por propia confesión- juzga los conflictos sociales, no sólo de una coyuntura específica o de una nación concreta, sino, de una entera época histórica, con normas artísticas, haciendo a un lado el método de cada ciencia social que intenta desentrañar la causa y el efecto de las contradicciones tanto objetivas como subjetivas que genera en la sociedad el desarrollo y las crisis del sistema de producción. Él se ufana en juzgar, superficialmente, los conflictos sociales violentos, propios del sistema explotador, con reglas abstractas de armonía.

Rubén emite juicios sociales y políticos con el arma de la crítica literaria, que no procede de un método científico. Desde una perspectiva estética no intenta descubrir, con ayuda de una visión filosófica de la realidad, las raíces sociales que alimentan el contenido del objeto artístico. En otras palabras, no profundiza la percepción humana, la lucha trágica entre el sujeto y el objeto, que reside en la rebelión consciente del ser contra el destino.

El proletariado, es visto en el mundo como el único elemento que tenga una función unificadora de toda la sociedad. Para Rubén, en cambio, es un estrato destinado, por el orden divino, a la marginación. Únicamente digno de ser compadecido, cristianamente, cuando se comporta con mansedumbre: como “obrero bueno”.

Ideológicamente, Rubén es un reaccionario, no un anti-obrero. Rubén no posee ideología definida, su interés estético e intelectual no tiene capacidad filosófica alguna. Como intelectual pequeño burgués, hace eco, desafortunadamente, de las múltiples contradicciones ideológicas con que la clase dominante ejerce su hegemonía en distintas situaciones políticas.

La ideología dominante es una deformación de la realidad que perpetúa el poder de la clase hegemónica. De modo, que esta carece de principios teóricos sobre el poder político y sobre el orden social. No persigue, siquiera, un interés coherente como clase, sino que un sector se impone sobre el resto, según las oportunidades que la situación política concreta ofrece (sin alterar, sin embargo, los fundamentos esenciales del sistema de producción). El abanico coyuntural del concepto ideológico burgués, puede ir, según la correlación de fuerzas de las clases fundamentales de la sociedad influidas por las condiciones objetivas del desarrollo económico, desde el fascismo hasta el Estado más democrático. Rubén, según las circunstancias, oscila ideológicamente en ese movimiento pendular del abanico hegemónico.

Manuel Aragón con mayor conciencia y método, comprendería que el arte va rezagado respecto a la acción política y a la teoría política; y que, muy lentamente, el arte en general irá reflejando las luchas de los trabajadores por un nuevo orden social, cuando el peso de estas luchas sea decisivo.

Por ello, a pesar de su concepción política retrograda, la belleza de la obra literaria de Rubén, su maestría en el uso y enriquecimiento del idioma, su musicalidad verbal sin par, su imaginación poética, su prosa fecunda, que cultiva un estilo robusto y certero, contribuye al desarrollo cultural y estético de los obreros, y a un mayor dominio del idioma como medio sublime de expresión del pensamiento.

* Ingeniero eléctrico