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Cuando por el año 2000 leí el libro “Las hijas de Sandino, un historia abierta”, de Margaret Randall, el testimonio que más me conmovió fue el de Sofía Montenegro.

La historia de Sofía me impactó no sólo por su dureza, sino por el coraje con que ella encaraba el drama de su familia, en particular el hecho de ser hermana de Franklin Montenegro, Sagitario, uno de los oficiales de la Guardia más odiados por los combatientes y el pueblo. Fue capturado por una columna sandinista cuando intentaba salir de Nicaragua por mar, el 18 de julio del 79. Se le mantuvo preso durante 80 días, hasta que junto con otro esbirro, el Chele Aguilera, fueron muertos el 6 de octubre del 79.

Ella por su parte había escogido otro camino. Después de militar en el MAP, terminó trabajando con el FSLN, siendo su responsable Francisco Meza Rojas. Le tocó inmediatamente después del triunfo ir a ver a su hermano recién capturado y tuvo que soportar las presiones de su madre, quien le rogaba que como sandinista intercediera por él, pero Sofía nunca pidió nada. Leyendo su desgarrador testimonio me parecía escuchar el grito de su madre el día de la muerte de Franklin: “Salí de mi casa, asesina”. No pudo reconciliarse con ella hasta en 1984.

Yo entendí el conflicto de Sofía. Viví muchas veces en casas de colaboradores que tenían familiares ligados al régimen, y sabía de esos dolores. Confiábamos en ellos porque para nuestra causa era consustancial confiar en la gente. Compartí el drama de Martha Isabel Cranshaw, sola en la prisión, porque su padre somocista recalcitrante había declarado: “Ésa no es mi hija”, y no consentía que nadie la visitara.

El testimonio de Sofía me permitió conocerla más, y admirarla. Yo había tenido pocos encuentros con ella, pero sabía que gozaba del cariño de Carlos Núñez, de su papel en el diario Barricada, donde fue invitada a trabajar por Leonel Espinoza desde el 25 de julio del 79.

La Revolución confió en Sofía, mujer culta, inteligente y beligerante, y le dio importantes tareas. Fue una de las principales periodistas del diario Barricada. Nunca se cuestionó a Sofía por haber tenido un hermano guardia, porque entonces se hubiese tenido que desconfiar de muchas otras personas que incluso habían sido parte del régimen. Por ejemplo, Marisol, hija de Chema Castillo, muerto mientras enfrentaba al comando en el secuestro del 27 de diciembre del 74. Importantes dirigentes tuvieron familiares militares. Doris Tijerino y Hugo Torres eran hijos de oficiales de la Guardia; hasta el propio Carlos Fonseca, cuyo padre administraba parte del capital de los Somoza.

Se podía cuestionar a Sofía por ser dada a polemizar y discutir las orientaciones, que para muchos eran sagradas. No se entendieron entonces sus avanzadas ideas feministas, su insistencia en reivindicar derechos de las mujeres, que entonces se consideraban prematuros porque “primero es la defensa de la Revolución”.

Recuerdo que formando parte de la delegación oficial de Daniel Ortega a Korea, cuestionó abiertamente el culto a la personalidad de Kim Il Sung. Siempre fue directa y hasta impertinente. Seguramente influyó el hecho de que primero fue feminista que sandinista, a diferencia de muchas de nosotras.

Durante la Revolución jamás se utilizó el caso del hermano de Sofía para dilucidar diferencias en otros planos, quizás porque el humanismo que encarnábamos en esa hermosa revolución permitía comprender que uno no es responsable de los crímenes de ninguna otra persona, aunque sea tu propio padre, madre o hermana.

Todos los que conocemos a Sofía sabemos que además de su inteligencia, de su capacidad para articular sus posiciones, de su pluma sagaz y asertiva, fue siempre muy consecuente y valiente, aunque nunca se acopló a la disciplina partidaria y mucho menos a ser sumisa ante el poder. Porque Sofía es esencialmente una mujer libre e irreverente con el poder. También hay que reconocer que cuando cree en algo lo defiende con uñas y dientes, a veces con un poco de soberbia.

Sofía es hermana de padre y madre de Franklin hasta su propia muerte y después de ella. Porque nadie puede escoger a sus padres, ni a sus hermanos. Sofía es prima de Iván Montenegro, héroe sandinista caído en Nueva Guinea, pero eso tampoco le confiere méritos. Ella escogió cuando pudo, y en circunstancias en las que tal vez otros no hubiésemos tenido el coraje, una causa que nos hermanó históricamente. Tampoco eso se puede borrar.

Recuerdo que cuando luchamos en la insurrección de Managua había un muchachito como de 16 años que le decíamos “el EBBI”; sabía de ametralladoras 50 y cuando capturamos una tanqueta cerca del puente Riguero, era el único que sabía los mecanismos. Según me dijo Walter Ferrety, Chombito, era un hermano de Franklin, de esos que dejan perdidos los hombres en sus aventuras extramatrimoniales. Franklin lo metió a la Guardia para disciplinarlo, pero él optó por luchar con el FSLN y fueron muy importantes para nosotros sus conocimientos militares. Era vibrante, chaparrito, de buen humor y con un rostro muy lindo. Anduvo con nosotros en todas las jornadas, y después del triunfo quedó incorporado al EPS.

Un 17 de julio, Día de la Alegría, no recuerdo el año, visitando los altares a los caídos en los barrios orientales, me encontré la foto de este chavalo envuelto en flores y banderas rojinegras en una de las esquinas. Me llamó la atención porque no sabía que había muerto. Un familiar me dijo que había caído mientras impartía un entrenamiento, cuando un novato miliciano había quitado la espoleta a una granada. Este muchacho se lanzó sobre la granada para impedir que hiciera estragos sobre el resto, y el mismo quedó destrozado entregando heroicamente su vida. Nunca le conté a Sofía de este medio hermano a quien tal vez nunca conoció.

Hago estas remembranzas porque me produce asco e indignación la campaña de infamias que desde el canal de televisión y desde las radios de la familia gobernante han desatado contra Sofía Montenegro. Desde su farisea moral del amor, entre otras cosas perversamente afirman: “Franklin Montenegro no necesita estar vivo para continuar haciendo las operaciones limpieza que desarrollaba la Guardia Nacional contra las mujeres y contra el pueblo en general: Sofía Montenegro, su hermana del alma, quedó haciéndole ese trabajo…”.

Muchos hemos sido víctimas de esta política oficial del descrédito. Han vomitado malignas mentiras sobre Carlos Mejía Godoy, Ernesto Cardenal, Edgard Tijerino, Luis Enrique Calderón, y contra todo aquel que ose levantar la voz para hacer críticas al danielismo.

Quieren responsabilizar a Sofía de los crímenes de su hermano, pero no tienen ningún empacho en otorgar la Orden Sandino a Edén Pastora, quien financiado por Reagan y la CIA ametrallaba desde ARDE contra los jóvenes defensores de la Revolución. Atacan a Sofía porque se ha solidarizado abiertamente con Zoilamérica, y porque critica sin tapujos el comportamiento patriarcal y machista de este gobierno que se ha ensañado contra las mujeres. Lo más ridículo es que asuman esta postura ahora, cuando ellos supuestamente ya han perdonado a todos, se han reconciliado con todos, tienen de vicepresidente a uno de los jefes de la Contra y llevan de candidato a alcalde a uno que fue agente ad-honoren del somocismo. Hasta con el “Chigüín”, el jefe de la fatídica EBII, querían reconciliarse. Recuerdo bien el debate interno en la Bancada del FSLN, en el año 2000, cuando se planteó la posibilidad de su regreso.

La conducta antiética de este régimen, de seguir así, sólo le llevará a la sepultura moral y a su propia ignominia.