•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

El significado político de una efeméride libertaria que brota de las masas, es ideológicamente desvirtuado cuando se apagan los combates, y los hombres del aparato jerárquico encuentran el camino para estructurar su propia hegemonía, con la cual se apropian de la gesta anónima de las masas.

Debemos comprender que el significado libertario del 19 de Julio ha sido trastocado en un mito burocrático a lo largo de 33 años. La movilización revolucionaria de las masas que destruyó el poder dictatorial de Somoza, dio pie a un nuevo Estado, formalmente independiente de los Estados Unidos, pero, profundamente burocratizado.

La nueva burocracia estatal, con medidas autoritarias llevó a una guerra civil de inmensas proporciones trágicas, sobre todo, porque produjo la rebelión campesina contra la eliminación del mercado interno. Lo que repercutió, al fin, en un retroceso de 40 años en la capacidad productiva.

Desde mediados de los años 80 se produce un retroceso prolongado del movimiento de masas (que como única salida a la debacle económica y a la guerra, emprende la emigración masiva fuera del país). La nación perdió así su activo más productivo (personal calificado formado en los años 60 y 70), indispensable para generar riqueza.

En segundo término, se debe señalar que buena parte del proletariado se lumpemproletarizó al caer la economía en una profunda crisis, con un extraordinario desempleo abierto. Ortega, con la ayuda de exmiembros de la Seguridad del Estado, formó comandos con el lumpemproletariado, y gracias a continuos golpes de mano puso en jaque, por medio de asonadas, el desarrollo de los planes gubernamentales. Consiguió así, llevarse consigo la tradición y el folklore nihilista del movimiento sandinista (que nunca funcionó como un partido), y se convirtió en un interlocutor extraparlamentario de la gobernanza del país, con políticos corruptos con quienes pactó acuerdos que ampliaban su base de poder real, hasta introducir cambios en la Ley Electoral que hicieran posible su victoria –con el 35% de votos- si sus adversarios se presentaban divididos a las elecciones.

Todo ello, con el fortalecimiento de una nueva casta absolutista, hace que cada nuevo 19 de Julio tenga un significado cualitativo distinto, contrario a la gesta ascendente del movimiento de masas, que en 1979 expresó una iniciativa revolucionaria contra la dictadura.

Una vez Ortega en el poder, los comandos organizados del lumpemproletariado fueron orientados a desarticular a bastonazo limpio cualquier manifestación de las fuerzas opositoras en las calles (un ejemplo reciente de ello lo ejecutaron, con el apoyo de la Policía, en la madrugada del 19 de julio contra los opositores que protestan frente al CSE).

Simultáneamente, Ortega pactó con el gran capital y con el FMI, para que percibieran las ventajas que ofrece un gobierno bonapartista, en cuanto a tranquilidad social. Pasó a controlar exclusivamente la burocracia sindical, facilitándole medios de enriquecimiento.

Lentamente filtró los cambios de mando en el cuerpo policial, a fin de darle a su régimen, con métodos burocráticos, un sustento policíaco. Y, con más cuidado, incorporó en instituciones del Estado a generales retirados del Ejército (incluida la Vicepresidencia de la República), propiciando un desarrollo discreto de negocios de la institución para ampliar conspirativamente un control reservado sobre la organización militar (con una infiltración celular, en grado de prevenir un golpe de mano de parte de una fuerza especializada militarmente, inmune a las amenazas del lumpemproletariado).

En cinco años, gracias a la ayuda anual de 500 millones de dólares de cooperación venezolana, y al uso ilegítimo de las instituciones del Estado, amasó una fortuna que le convierte en la fracción más importante del poder económico nacional.

Por último, luego de controlar a discreción –por el método de compra de conciencias- a los funcionarios de todas las instituciones de los distintos poderes del Estado, Ortega buscó como ampliar aceleradamente su base social (antes de las elecciones del 2011). Duplica, para ello, el número de empleados estatales, y reduce su jornada laboral a mediodía.

Al fin, apunta a la juventud. Ofrece a los estudiantes la perspectiva de encontrar un empleo en el Estado, a cambio del voto y de su movilización partidaria (subvencionada con los bienes del Estado).

La celebración del 19 de Julio es, ahora, un rito orteguista, que reafirma en los jóvenes la idea de un mesianismo que no puede ser disputado a Ortega, democráticamente. Como mitología, es muy mísera ideológicamente, pero, resulta efectiva para sostener el caudillismo (de alguien que carece de capacidad oratoria), en una sociedad en la que se ha vuelto aceptable la corrupción.

* Periodista

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus