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Sodoma y Gomorra eran dos ciudades de las pentápolis cananeas situadas a orillas del Mar Muerto, cuyas sales endorreicas en su interior -inmortalizando la destrucción de sus habitantes entregados al vicio y pecado- son la única presencia de la ira de Dios desatada contra ellos. En el siglo XXI el movimiento LGBT está tratando de rescatar de estas únicas y mudas cenizas el perdón divino a la sodomía.

¿Es la homosexualidad moral o inmoral? Cuando las leyes constitucionales establecen que es una opción sexual diferente y debe respetarse, nos crea un dilema similar al tabaquismo y alcoholismo. Podemos experimentar su uso, pero su abuso nos denigra a tal nivel que nuestro organismo lo manifiesta en sus tóxicas consecuencias. Aún así, se nos niega la respuesta a la pregunta ¿Es honorable o inconveniente? ¿A quién debemos recurrir para comprenderlo?

En 1973 la psiquiatría la borró confusamente del manual de enfermedades mentales -DSM III- marginando una posible terapia y juicio moral, enturbiando su normalidad. La sociología la contextualizó en el marco antropológico tribal de un pigmeo africano bumbuti hasta determinarla en la sociedad occidental con un trato imprevisto, especial e individualizado liberándola de ataduras étnico culturales, excediendo el límite del alcance biológico: la ruptura del heterosexismo obligatorio. Y sin soportar el bisturí del análisis universalista despótico de la sociedad fundamentalista cristiana se escabulle en la moralidad permisiva política del Estado. Compromiso con distancia.

Intolerancia, acoso, rechazo y castigo a la diversidad sexual son las veredas por donde la ética logra filtrar las demandas homosexuales en una sociedad que “no acepta una nueva forma de segregación amparada en una religiosidad arcaica”: Un ghetto global privilegiado. Judith Butler, filósofa posestructuralista, se interroga “¿Acaso es la execrada familia el oasis prometido?” Como si de un acta de fe se tratara se descarta la subjetividad gay y se ubica lo personal en colectivo: “lo que me pasa excede el límite de mi intimidad, es cuestión de todos.” Dilema público de la cobardía. Abyección versus reconocimiento.

Y la pregunta, ¿quién la contesta?, ¿es moral o no?, ¿por qué la represión hacia la homosexualidad es tan intensa?, ¿es la homofobia el monstruo innombrable, ilícito e inexistente que nos genera rechazo?, ¿qué es lo que hace a un gay provocar desconfianza y antipatía? La homosexualidad origina una lógica en cadena: se niega, es desconocida y condenada. ¿Tiene un rol central para los fundamentos de nuestra vida diaria? Aunque nadie tiene miedo de volverse negro, judío o inmigrante si hay temor por lo homosexual. Los varones tenemos recelo de renunciar a ser hombres.

A pesar que hasta fines del siglo XVIII, tres códigos principales regulaban la sexualidad humana. El derecho canónico, la pastoral cristiana y la Ley civil condenaron la sodomía. En muchas naciones ya no son enfermedades para el médico, indisciplina para la escuela, ni delitos para la Policía. En tanto ¿Quién determina la moralidad homosexual?

En la Biblia, Sodoma y Gomorra se distinguieron por su maldad y los hombres que insistieron a Lot hacer salir a los visitantes -ángeles- para “conocerlos” solo demuestran el contexto de la antigua definición. “Conocer” significa tener intimidad sexual. La versión Dios Habla Hoy y Santa Biblia expresan: “Queremos acostarnos con ellos….para que abusemos de ellos”. La palabra es empleada cuando Lot ofrece a sus hijas: “no han conocido varón”. Los sodomitas solo pretendían tener sexo con los huéspedes de Lot.

Ahora estamos asistiendo a una relajación de la producción discursiva sobre la homosexualidad orientada a una “explosión gay” que revele un giro de la opinión pública nacional e internacional. Se trata de mostrar políticamente correcto al homosexual aún creyéndolo equivocado, respetarlos en base a un relativismo cultural.

La aurora “multitudinaria” de millones de closet abiertos: 10% del planeta es gay. ¿Y mañana? Cero indiscreciones. Sin vergüenza. Ninguna terapia de reorientación sexual. Sin presiones para salir del armario. Fuera discriminación malvada y tonta. Sin sentido común. Un rápido tránsito a lo diferente: camino a Sodoma.

* Médico cirujano