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Es un deber cuestionar las ideas de otros, dudar de ellas, pero no encarcelarte en las mías; es una necesidad pronunciar todos los días tu nombre para que no olvides lo que te da identidad.

Es un deber respetar las leyes en un gobierno de leyes y no en un gobierno de hombres; es una necesidad escaparme de las trampas de la ley que son hechas a gusto y antojo por los dictadores de turno que saben que el miedo, luego, lo hace todo.

Es un deber conocer que la libertad no es un dilema ni una palabra vacía con que algunos se llenan la boca para ahogarse de baba, es una necesidad vivir la libertad que es hacer y dejar hacer siempre y cuando no afectes a un tercero.

Es un deber no agredir a otros mediante la fuerza o la imposición de tus ideas, es una necesidad utilizar el uso de tu legítima defensa en caso de que alguien te agreda.

Es un deber estar contra las dictaduras, ellas por su naturaleza te masifican para que pierdas tu individualidad, son impredecibles e irracionales, siempre burlándose de la ley y escapándose con algún fraude entre las manos; es una necesidad ser libre, sin ataduras ni grilletes que te permitan acariciar con tus palabras la virginidad del cielo.

Es un deber utilizar como arma la palabra, es a través de la persuasión que conquistamos los corazones rotos, aquellos que amamos con la capacidad de no terciar; porque el amor no es una guerra, sino un consenso racional, es una necesidad humana que alienta las aspiraciones porque “alguien que te amenaza con un revólver ha perdido sus argumentos”. (AR)

Es un deber exigir que no nos impongan un modelo de felicidad; las aves no maltratan las alas de sus crías, los padres no deben castrar las capacidades de sus hijos, deben dejarlos volar, por eso, es una necesidad ir en búsqueda de la felicidad tal como tú la concibas, de lo contrario, tendremos frustraciones por hijos e hijos por frustraciones retirando ese talento de la sociedad.

Es un deber luchar contra el falso colectivismo y sospechar siempre de aquellos que se escudan tras la palabra pueblo para cometer sus peores crímenes, al fin y al cabo, son individuos enfermos de poder que harán lo que tú le permitas hacer y llegarán hasta donde tú le permitas llegar; es una necesidad, buscar nuestro ser interno, nuestra voz del silencio, que nos oriente hacia una expresión latente.

Es un deber estar contra el mercantilismo o la dictadura del mercado, ellos son rufianes de la manipulación, fríos mercaderes que monopolizan tu libertad aliados con el Estado, por eso, es una necesidad erradicar el mercantilismo y el estatismo que son casi lo mismo.

Es un deber usar la razón, lo irracional es escapismo mágico, querer huir esclavizado a supersticiones que extinguen tu permanencia terrena o martirizarte en creencias fanáticas de corte material; es una necesidad, anteponer la razón a las emociones desmedidas, ellas distorsionan nuestra realidad y no nos permiten el bien pensar.

¡Por eso debemos anteponer las ideas a las palabras!

Es un deber promover la creatividad e incentivar la libertad económica, no el libertinaje comercial de los oligopolios y monopolios que despojan de sus bienes a los más pobres, con la complicidad de saqueadores en un Estado leviatán; es una necesidad confrontarnos hacia adentro, mirarnos en el espejo para no convertirnos en un pequeño leviatán.

Es un deber saber distinguir las señales direccionales, para no ir como borrego donde el tráfico impone, somos contraculturales, no marchamos hacia la derecha donde nos recetan normas de inspiración divina dominada por elites que nos permiten una libertad económica a costa de nuestra libertad moral.

No marchamos hacia la izquierda de inspiración materialista dominada por un colectivismo ambiguo, donde nos recetan normas que sepultan nuestra libertad económica a cambio de algunas dádivas de nuestra libertad moral.

Por tanto, es una necesidad ser libertarios, libres de esquematizaciones y etiquetas; nuestra libertad es moral y económica, nuestra propiedad privada es personal y material, somos convencidos hijos de la razón, no nos sujetamos al silencio de los tontos cómodos.

Hay que aprender a volar para administrar nuestra libertad, debemos romper con el collar confeccionado por los farsantes de la palabra, porque si hay algo que realmente causa lástima hasta el cansancio son los “próceres” actuales con la conservadora rutina de girar en la misma rueda.

¡Señalarlo es mi deber y mi necesidad!

 

* Abogado y escritor