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El poema La lechera, (De La Fontaine, mas no todo) de Pablo Antonio Cuadra es la conocida historia de los sueños de la gente que en un momento de ilusión piensa en el porvenir y se aferran a él. Escribe: “El día empieza / y mañanera va Teresa, / erguida, a prisa y sin pereza, / con un cántaro de leche en la cabeza”.

Resulta interesante la recreación que hace el poeta Cuadra de esta historia que tiene sus fuentes en los cuentos medievales, especialmente en El religioso y la jarra de miel.

Al respecto, escribe Carmen Bravo: “Todos estos cuentos medievales, ejemplares y deleitables, son la fuente original de donde manan las colecciones posteriores de cuentos y fábulas para la infancia. Por ejemplo, el cuento El religioso y la jarra de miel es el germen de la famosa fábula de La lechera”.

Al final de esta historia, el religioso alzó la vara que tenía en la mano y dio con ella en la jarra que tenía en la cabecera de la cama, la quebró y derramó la miel y la manteca sobre su cabeza.

El cuento se acabó y los sueños también se terminaron ahí no más.

El infante Juan Manuel (1282-1349), amante de las letras y de las armas, caballero noble, nieto de San Fernando, escribió un memorable libro titulado Conde Lucanor o Libro de Patronio, en el cual se incluye la historia De lo que sucedió a una mujer que llamaban doña Truhana. Dice: “Había una mujer que tenía por nombre doña Truhana y era bastante más pobre que rica. Un día iba al mercado y llevaba una olla de miel en la cabeza”...

Sin duda, el texto del infante, también se deriva de la jarra de miel del religioso, pero con algunas variantes que no contradicen la fábula original, sino que más bien la enriquecen.

La historia de La Fontaine (1621-1695), uno de los mayores fabulistas de la historia, de la misma forma que Esopo lo fue en sus inicios, también se relaciona con el religioso y su miel. Dice: “Juanita, con su cantarillo de leche, bien puesto a la cabeza sobre el cojinete, pensaba llegar sin obstáculo a la ciudad. Caminaba a paso largo, ligera, y corta de saya, pues sólo se había puesto, para estar más ágil, el refajillo y las sandalias”.

Los textos de Juan Manuel, de La Fontaine y Pablo Antonio, surgieron a partir de El religioso y la jarra de miel, antiguo cuento medieval, venido de la cultura hindú y conocidos desde el siglo VI, con el título de Libro de Calila e Dymna, gracias a la traducción persa, después al árabe y de aquí al español, ordenada por Alfonso X el Sabio.

En nuestra literatura oral tenemos una particular versión. Me la envió Fátima Elena Real Soto de Chichigalpa. Se llama La lechera y el cántaro de leche: “Clementina iba muy contenta para el mercado, pues llevaba sobre su cabeza un cántaro de leche. ¡Qué suerte tengo yo!, pensaba la mujer. Llegaré al mercado, venderé la leche y con lo que gane, compraré cien huevos.

De ahí, sacaré una buena pollada… me será fácil criar los pollitos. Por muy listo que ande el zorro, me dejará bastante para venderlos y comprarme un cerdo. Criar un cerdo no cuesta mucho, con guineos y maíz me bastará. Al venderlo ganaré mucho dinero. Compraré entonces, una vaca con el ternero, así podré vender más leche y luego, la vaca y el torete.

¡Cuánta cosa he de comprar entonces! Una casa y buena ropa. ¡Qué ropa! Iré entonces al mercado bien vestida y con zapatos… Y al decir todo lo que decía, Clementina caminaba en las puntas de los pies. De pronto, se balancea el cántaro que llevaba en la cabeza, cae al suelo y se riega toda la leche. ¡Adiós pollitos, cerdos, vacas, ternero, casa y ropa! ¡Adiós, sueños!”

 

* Educador y escritor