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Como un cometa apareció nuevamente en el firmamento político nicaragüense el general (r) Humberto Ortega; acostumbrados a saber que en cada aparición patrocina tal o cual libro de su autoría relacionado a la gesta libertaria nicaragüense en su lucha contra la dictadura de los Somoza, en esta ocasión su vista fue para realizar planteamientos políticos, aplaudidos por los detractores del gobierno, pero lejos de la realidad que se vive en el país.

Quizás su letargo autoinducido de llevar una militancia en “x” o “y” partido y ser un simple espectador lo desvía de sustentar ideas correctas y hacer consideraciones a la zaga, o en el mejor de los casos, dirigidas a fomentar su imagen y empresa personal.

Es indudable su capacidad militar, por ello era de esperarse que considerara aquello del balance razonable de fuerzas para medir supuestas capacidades opositoras para “exigir el respeto a la Constitución Política por diversos medios de presión”, creyendo que existe un equilibrio y simetría entre las fuerzas políticas de la nación.

Además, el irrespeto a la Constitución solo cabe desde el punto de vista de quienes no ostentan el poder, los cuales por mucho tiempo estuvieron acostumbrados a modificarla a su arbitrio con el fin de mantener su hegemonía sobre el Frente Sandinista e impedirle retomar nuevamente el poder y hoy continúan leyendo el texto constitucional con los visores del pasado.

Por el contrario, es incuestionable que el FSLN en el Gobierno representa actualmente un factor real de poder que permite el cumplimiento de la Constitución (nacida en 1987 por un poder constituyente) y su filosofía política que la creó, así como el contar con una solidez social, que bajo la voz de mando del pueblo, mantiene funcionando al Estado de manera estable y no como pretendían aquellos que han tratado de crear diferentes crisis nacionales, como la no elección de importantes funcionarios de instituciones y resto de poderes del Estado, o el desgargantado grito de fraude en las elecciones municipales y nacionales recientes, logrando superar estos intentos desestabilizadores de las fuerzas opositoras que contrarios a la Constitución y las leyes de la República han pretendido hacer fracasar a este Gobierno.

Si bien no es tiempo de avasallar al adversario sino avanzar mediante el consenso de todas las fuerzas políticas y económicas, no debemos dejar de recordar aquella frase de filosofía del derecho que refiere que la Constitución no solo es la ley fundamental proclamada en el país, en la que se echan los cimientos de la organización del Derecho Público de la Nación, sino la suma de factores reales de poder que llegan en una sociedad determinada… fuerza activa y eficaz que permite legitimar sus intereses y poderlos defender, aun con la fuerza coercitiva del Estado.

De allí que ese factor real de poder en el que se constituye el Frente Sandinista en el Gobierno, a través del Presidente de la República, y que emana del pueblo, quien es el soberano, ha permitido importantes buenas relaciones con los poderes Legislativo, Judicial y Electoral, así como la articulación de las instituciones del Ejecutivo y demás órganos descentralizados, el mando del Ejército y la Policía Nacional y principalmente mantener el respaldo del pueblo quien de hecho es el encargado de ejercer el control social.

De cierto, no podemos negar que la Iglesia, los medios de comunicación, los propios políticos opositores, los empresarios y banqueros, pero por sobre todo el pueblo, representan de igual manera factores reales de poder, pero en este momento la mayoría de ellos han sumado esfuerzos al FSLN. Probablemente en un futuro, no hoy, los sueños del general (r) Humberto Ortega se acerquen a la realidad.

Concluyo reflexionando que si bien la Constitución de 1987 fue reformada por las fuerzas antagónicas, tales cambios no sustentan que las decisiones políticas fundamentales y la filosofía política con la que se creó y que integran el fondo de esa Constitución, puedan ser suprimidas y sustituidas por otras cualesquiera mediante el Parlamento, peor aún cuando éste careció del poder constituyente para reformar esas normas.

* Militante del FSLN