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“Sobre la nueva tierra, bajo el nuevo cielo el juicio ha comenzado”.

Giovani Papini

Giovanni Papini, desde su juventud tuvo el anhelo de escribir una obra monumental, “una de las que perduran por los siglos,” a saber, “JUICIO UNIVERSAL”, escrita entre 1940 y 1945 en Italia.

Desde el prólogo, nos comienza diciendo:

“Desaparecieron los astros y ha terminado, por ello, el alterno sucederse de los días y de las noches. El tiempo ya no es mensurable, se ha dispersado de nuevo en la eternidad. El juicio ha comenzado”.

Todos los hombres de todas las razas y nacionalidades, así como de todos los tiempos, con sus respectivas funciones que han cumplido en la tierra durante su existencia temporal, compadecen ante el Juez Supremo de los hombres, y son “los ángeles acusadores, que interrogan y escuchan a los resucitados antes de que Dios los salve o los condene.”

Cabe decir que la existencia del infierno no es una creación de Dios, sino de los ángeles caídos o demonios y de los hombres que rechazaron la posibilidad de alcanzar la salvación por medio del Dios encarnado.

Allí comparecerán: los amantes de Dios, los luciferinos, los ateos, los reyes, los políticos, los dictadores, los militares, los papas, los sacerdotes, los pastores, los ángeles rebeldes, los brujos, los primitivos salvajes, los sabios, los filósofos, los ladrones, los homicidas, los suicidas, los artistas, los pobres, las mujeres pecadoras, los mercaderes, los deportistas, y los poetas, entre otros.

Todos estos personajes ocupan los capítulos de las casi 800 páginas que tiene este libro. Abordaremos solamente el capítulo que se refiere a los ateos.

Los ateos comienzan haciendo una confesión general de su delito que a continuación detallaremos:

“Nosotros somos de aquellos… los fugitivos, los desertores, los verdaderos deicidas… todavía más frenéticos que aquellos que desangraron a tu Hijo, porque ellos querían obstruir la carne, y nosotros, por el contrario,… tu nombre y tu presencia en las almas de los hombres.

“Tú sabías que la fe es hija no sólo del querer; que los hombres, ciegos en la mente, indóciles y reacios en el corazón y tentados por el orgullo, no íbamos a recibir tu socorro. ¿Por qué tus escribas y tus intérpretes no fueron más límpidos, más persuasivos, más irreprochables?

Porque “una ciencia mutilada e inquieta nos había hecho perder toda la claridad de nuestra verdadera ignorancia natural…” Es decir, que, por fiarse de sus razonamientos, habían perdido la capacidad de comprender las realidades del espíritu.

“Era el ímpetu del mal en nosotros el que veía en ti al enemigo”. Es decir, que Dios, es el enemigo del ateo.

“La frialdad nos embotaba la inteligencia, la soberbia hechizaba nuestra conciencia, la sensualidad oscurecía nuestro espíritu”.

“Tú eras una traba para nuestra vanagloria, un escándalo para la razón, una rémora fastidiosa para el amor propio, una condena de la carnalidad, un dique contra el delirio del yo”.

“Heridos por las injusticias, por la vergüenza, por las miserias del mundo, no pudimos admitir que tú tolerases, y, mejor que concebirte cruel, te llamamos fantasía de los hombres…”

“Otros te juzgamos indignos de la dignidad humana por tener necesidad de un supremo guardián del vivir honesto y nos pareció virtud más perfecta el ser justo sin esperanza de premios o castigos”.

“Y además pensamos: si aquellos mismos que creen en Dios y viven junto a Él se muestran tan próximos a la bestialidad y la corrupción de sus costumbres, ¿no fue quizás signo de que su fe fue pura fantasía...?”.

“Fueron tus creyentes los que nos hicieron perder la Fe en ti… y tus confidentes y tus defensores fueron, a veces, con su infinita presunción cómplices de nuestra duda y de nuestra apostasía”.

Un dicho popular dice que “detrás de una gran riqueza hay siempre un gran crimen”. Algo similar podríamos decir nosotros: “detrás de un militante ateo hay un gran escándalo no superado por un carácter débil”.

Y finalmente, un ateo, llamado Stirner, concluyó diciendo al ángel:

“…este no debería ser el juicio final de los hombres, sino el juicio de los hombres contra Dios”.

* Ph.D. Catedrático de

Filosofía, Ave Maria University