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Nicaragua tiene una antigua generación de mártires y héroes, de grandes líderes militares, intelectuales, empresarios y políticos, como del ciudadano común; campesinos, obreros, hombres, mujeres y jóvenes que dieron su vida, su carrera y su entrega por la patria, por la construcción de la democracia, del bien común, por la lucha de las libertades, por los derechos de las mayorías y seguidores de un nacionalismo incluyente a todas las etnias, lenguas y costumbres de nuestra nación.

Esos hombres y mujeres que hoy son parte de la historia tuvieron un ideal, Nicaragua. No fue un partido político, ni una religión. Fue un ideal patriótico, que para la mayoría de ellos fue construir un estado social de derecho, bajo garantías, derechos y obligaciones, con el objetivo de crear una república democrática, donde los ciudadanos no sean súbditos del estado, sino verdaderos soberanos, visibilizándose en una sola bandera, mas allá de corrientes políticas, solo bajo el pensamiento de una Nicaragua para los nicaragüenses.

Actualmente, la mayoría de jóvenes de esta generación, ha generado un pesimismo ciego y adverso a nuestras realidades, un pensamiento individualista, partidario en algunos casos, la mayoría apáticos a la política y al acontecer de los problemas que afectan a todos los nicaragüenses.

Es un fenómeno de orientación psicosocial, del que surge una filosofía de vivir y dejar vivir, sin asumir compromisos, o bien, la de quienes confían en que Dios resolverá los problemas de la nación, olvidándonos de los sacrificios que hicieron miles de nicaragüenses para que gocemos de las libertades y derechos, y que hoy día se van degradando por la falta de participación activa y demanda ciudadana.

Los jóvenes de nuestra generación somos lo que somos por lo que observamos a nuestro alrededor, por nuestra percepción y razonamiento del sistema actual; nos educamos bajo el retrato del comportamiento y acciones individualistas de la mayoría de nuestros actuales líderes sociales, políticos y económicos, cuyos intereses son particulares, con fines de lucro personal y relacionados con la corrupción, ignorando el bienestar del colectivo.

Nicaragua necesita de una generación que promueva una reforma generacional. Que parta de la necesidad de observar y entender lo que pasa a nuestro alrededor, y ver las consecuencias que estas traen consigo: falta de oportunidades, exclusión política, violencia y frustración de la identidad nacional. Excluidos por un sistema caciquista, partidario, militante, adultista, dedocrático y anti- relevo generacional, dependiente de un consejo de ancianos dirigido por caudillos dirigentes de partidos políticos.

Sé bien que los jóvenes reaccionaríamos a una reforma generacional que marque paso al cambio social, en el cual se construyan los canales de organización para la incidencia en la construcción de espacios de participación; acompañado de un modelo alternativo, rompiendo el esquema tradicional de nuestra cultura política, cuyos principios y valores sean democráticos y en el que se aplicara la alternancia como una regla por excelencia, que dé paso al relevo generacional en las diferentes esferas sociales, políticas y económicas.

Entonces los jóvenes tuviéramos otra historia que contar, y acciones que encaminar, siendo sujetos activos de la sociedad y no sujetos individuales-pasivos como se reflejan hoy en día en las diferentes protestas de pequeños grupos de movimientos políticos y estudios de participación ciudadana.

Algo que sí tenemos claro los y las jóvenes nicaragüenses, es que nuestra participación democrática-meritocrática, solo será a través de la restitución del derecho a la suscripción popular; no será por la vía de los partidos políticos, ya que algo que si sabemos muy bien es que los partidos nos parten y nos han convertido, en esta ultima generación, de ciudadanos a plebeyos.

* Activista y escritor