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Conocí a Sergio Ramírez Mercado personalmente en Costa Rica, en los primeros días de enero de 1978, todavía no habían asesinado a Pedro Joaquín Chamorro Cardenal. Él ocupaba el cargo de director del Csuca, Consejo Superior Universitario Centroamericano. Llegué a su oficina y Sergio se encontraba en compañía del Dr. Carlos Tünnermann; cuando entré a la oficina ambos se levantaron, fueron a mi encuentro y me abrazaron diciéndome: eres un héroe; yo me pregunté en silencio: ¡héroe de qué!

Le comenté lo de mi libro y le solicité ayuda para su publicación y me recomendó con un poeta hondureño (no recuerdo su nombre) que era director de Educa, Editorial Universitaria Centroamericana. Éste me facilitó un préstamo para pasar en limpio el escrito, etc.

En otra ocasión que estuve en la oficina de Sergio, me presentó al poeta Pablo Antonio Cuadra. Sergio me sugirió que Pablo Antonio era la persona indicada para prologar el libro que había escrito: “Yo deserté de la Guardia Nacional de Nicaragua”, pero me negué a tal sugerencia debido a mi ignorancia y posición radical: había leído en la universidad folletos de “El Estado y la Revolución”, escrito por Lenin; también había leído a Mao, al Che Guevara, conferencias contra la burguesía y oligarquía nicaragüense.

Yo tenía en esa época 26 años y no tenía la cultura necesaria ni había leído lo suficiente para realizar análisis políticos e históricos de la sociedad nicaragüense. Mi posición era marxista-guevarista, pensamiento de moda en los años 70 y 80.

Por supuesto que me arrepiento que el poeta Pablo Antonio Cuadra no haya prologado el libro, perdí ese privilegio.

Quiero aprovechar para dar a conocer la paciencia que tuvo el gran escritor nicaragüense Lisandro Chávez, quien pasó varias horas haciéndome sugerencias de cómo debía quedar el libro y fue quien me recomendó que debía ser un libro testimonial, que no debía emitir posición política, también pulió el libro.

Cuando llegué a Costa Rica como exiliado, estaba recién creado el grupo de “Los 12”, integrado por personalidades reconocidas en la vida política, económica e intelectual de la sociedad nicaragüense, y por mantener una posición política y crítica en contra de la dictadura de Somoza.

Entre los personajes más relevantes de este grupo estaban: Sergio Ramírez, el padre Miguel Escoto, Carlos Tünnemann, el padre Ernesto Cardenal, Tito Castillo, el padre Fernando Cardenal, hermano de Ernesto, Arturo Cruz, entre otros.

El 18 de febrero de 2010 le envié un correo saludándole y consultándole sobre el libro, y muy gentilmente me contestó: “Es una alegría saber de vos. Creo que una nueva edición de tu libro siempre sería de interés. Puedes escribir a Salvadora Navas, de Anamá ediciones, citándome a mí y creo que ella puede interesarse”.

Fui amigo de Rogelio Ramírez, hermano menor de Sergio. A Rogelio lo conocí en 1973 cuando vino deportado de Chile, días después del golpe de Estado encabezado por los militares que derrocaron y asesinaron al presidente Salvador Allende. En ese grupo también venían otros nicaragüenses más.

Yo tenía como cinco meses de haber salido graduado de la Academia Militar como subteniente y mi primer servicio fue en el destacamento del aeropuerto Las Mercedes.

Ese día me encontraba de turno y me tocó recibir a los deportados. Rogelio traía muchos libros, le dije que se los iban a decomisar y además que ya venían oficiales de la Seguridad para llevárselos presos e interrogarlos. Le pedí tres libros y me los regaló, me dijo: llévate más.

Nos encontramos nuevamente en Panamá, en el cuartel “Tinajita’’ Yo había sido deportado con un grupo de nicaragüenses y Rogelio había salido si no mal recuerdo de una Embajada en Nicaragua, estaba de tránsito e iba para Venezuela.

Me lo encontré después del triunfo de la Revolución en Matagalpa; ostentaba el cargo de supervisor de todas las alcaldías de Nicaragua, me ofreció trabajo.

La última vez nos encontramos un siete de diciembre en la Purísima en Granada, nos tomamos una media de Flor de Caña y platicamos sobre el rumbo de la revolución.

Sean estás líneas como un homenaje. Espero que en un futuro cercano recibas el Premio Nobel de Literatura.

Matagalpa, Nicaragua