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Si hay una relación que tiene todo el sabor a petróleo en América Latina, esa es la que existe entre Venezuela y la República Popular China.

Venezuela es uno de los “socios estratégicos” de China, una distinción conferida también a Brasil (el mayor socio comercial chino en Latinoamérica y el Caribe, LAC), a México (el mayor mercado de productos chinos regional), a Perú (potencia minera), a Argentina (que le vende a China la mayoría de la soya que produce).

En el caso de Venezuela, los intereses geopolíticos (el deseo de garantizar el acceso a un recurso estratégico y asegurar la diversificación de las fuentes de origen) deciden sobre la naturaleza de la amistad, puesto que un país que prácticamente importa todo lo que consume y que depende tanto de un solo recurso, no tiene mucho más que ofrecer.

La importación de petróleo desde la nación sudamericana es una parte de la estrategia global de diversificación de las importaciones de la RPC.

Recelosa de las consecuencias geopolíticas de una excesiva dependencia de un solo proveedor o de una sola región, la RPC compra cargamentos de crudo a muchos productores. Oriente Medio es la principal fuente de petróleo (un 44%), le siguen África y Rusia.

Latinoamérica representa apenas el 5% de las importaciones totales chinas del crudo. Además de Venezuela, los chinos importan de Brasil y Ecuador.

Asimismo, Venezuela se beneficia de una diversificación de sus mercados, tratando de reducir su enorme dependencia de Estados Unidos como principal mercado. Una buena relación con el gigante asiático le sirve a Caracas para contrarrestar la presión norteamericana.

En 2004 China no compraba ni un solo barril de petróleo venezolano. En 2007, el presidente Hugo Chávez hizo la rimbombante declaración de que el país sudamericano exportaría en 2012 un millón de barriles diarios a China. Sin embargo, del dicho al hecho hay mucho trecho.

Dadas las serias deficiencias conocidas del mantenimiento en la infraestructura de la petrolera estatal Petróleos de Venezuela, Pdvsa, y otras carencias, no ha sido sino hasta en fechas recientes en que Venezuela ha logrado vender 640 mil bpd al mercado del dragón asiático, según anunció el lunes pasado el ministro de Petróleo y Minería, Rafael Ramírez.

En la Faja del Orinoco está la primera reserva mundial de crudo con 300,000 millones de barriles, según las cuentas venezolanas, si bien, un reciente estudio dado a conocer por el Servicio Geológico de EU sostuvo que existen allí 513,000 millones de barriles de crudo extraíbles.

Las empresas chinas están en algunas áreas en joint ventures con Pdvsa para la exploración y para la explotación de nuevos campos petroleros.

Un fondo especial de crédito fue creado en 2007 para esos fines, con un aporte de US$4 mil millones por China y de US$2 mil millones por Venezuela, la cual es la garante definitiva de los préstamos.

El viernes pasado, Chávez anunció la aprobación de un nuevo crédito de US$4,000 millones por el Banco de Desarrollo de China, como un nuevo aporte para el fondo común.

La cooperación mutua también abarca las telecomunicaciones, satélites y la inversión en fábricas de vehículos. Existe un mínimo de transferencia tecnológica. Pero debe dejarse claro que una cosa son los grandes negocios y otra muy distinta la política.

El liderazgo pekinés se cuida muy bien de no dejarse arrastrar por las tiradas antiimperialistas y antiestadounidenses de Chávez.

Reirá un poco en privado la elite china con las ocurrencias del comandante como cuando afirmó que el Libertador y Mao Zedong habrían sido grandes amigos (en muchos aspectos, Bolívar, un aristócrata de nacimiento, encarnaba cosas que Mao, un campesino, despreciaba y quería arrasar).

China es muy cuidadosa con su diplomacia en América Latina para no desafiar la hegemonía de Estados Unidos en el hemisferio occidental. Hasta hoy, pese al creciente comercio, la cooperación de varios niveles y las ofertas de millonarios financiamientos para LAC, no existen indicios firmes de que Pekín quiera rivalizar por influencias en esta región con Washington, según los expertos.

Aun así, con creciente desconfianza y una visión realista de una futura rivalidad mundial, muchos en Washington observan con atención cada movimiento de Pekín en el “patio trasero”.

* Periodista y analista de temas Asia-Pacífico