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La sistematización de cuatro experiencias policiales, entre las que se encontraba la de Asuntos Juveniles, evidenció que los jóvenes desmovilizados de las pandillas, regresaban nuevamente a su estado inicial, al no ser aceptados por su comunidad y la sociedad. Ello les impedía acceder a un trabajo y hacer vida familiar y social normal. Desarrollaban, de esta forma, la “desesperanza aprendida”.

Por ello, la Jefatura Nacional de la Policía decidió construir el Centro Juventud, apoyándose en organismos internacionales. Su planta física es moderna, asentada en un ambiente campestre, con aulas, talleres, amplias canchas de juego, jardines y parcelas que los jóvenes cultivan, contribuyendo a su sostenibilidad. Casi doscientos jóvenes ingresaron el año pasado. Después de un análisis integral interdisciplinario de cada caso, algunos fueron remitidos a centros de referencia para superar adicciones.

En este proceso, el Ideuca diseñó un Modelo Educativo alternativo. Su trayecto educativo se concreta en cuatro etapas flexibles y dialécticas en contenidos y duración. Su régimen es abierto, pues requieren relación cercana con sus familias, condición necesaria para lograr una formación integral. La familia se incorpora a una escuela de formación, tomando en cuenta que la problemática juvenil tiene su nicho matricial en ella. Esta acción formativa simultánea y articulada sistémicamente con la de los jóvenes es una clave exitosa.

La primera etapa de formación transcurre en un proceso de equilibración psicoemocional, con estrategias que distensionan, normalizan y canalizan emociones y sentimientos, potenciando sus capacidades humanas opacadas y ocultas. Esta etapa propedéutica aporta condiciones propicias para que todo el trayecto curricular alternativo logre ser recorrido exitosamente. El deporte y la expresión cultural son ejes que vigorizan todo el trayecto.

En la segunda etapa cultivan el deporte y la cultura de manera más sistemática, potenciando cualidades entumecidas, mientras en el juego cultivan el dominio de emociones y voluntades, reeducando valores entrelazados de forma compleja pero efectiva. Mientras se desarrollan estas etapas, los jóvenes mejoran sus competencias básicas de matemáticas, ciencias, humanidades y emprendedurismo.

Cada etapa presenta competencias a alcanzar, avanzando a la etapa siguiente al alcanzarlas o permaneciendo más tiempo en ella hasta lograrlas. La tercera etapa es la más esperada, al encauzar su gran interés en prepararse en una de las diez especialidades técnicas. Al concluirla, la cuarta etapa los inserta en empresas socias del centro, en que ponen en práctica sus conocimientos, bajo la tutoría de un docente.

Un equipo de más de 20 docentes civiles y varios policías de la Dirección de Asuntos Juveniles fueron preparados por Ideuca, para implementar el modelo educativo, activando un conjunto de competencias y resortes psicopedagógicos especiales. Asimismo, un equipo de Ideuca acompaña y asesora la dinámica del centro, atendiendo de cerca su particular complejidad. El elevado caudal de humanismo y respeto por los derechos de estos jóvenes, unido a la diversidad de su personalidad, plantea a los docentes, psiquiatra, psicólogos y trabajadoras sociales, desafíos nunca vividos, altamente gratificantes al desplegar su potencial.

Ya el primer grupo que ingresó está finalizando la tercera etapa, y se apresta a realizar sus prácticas laborales. El seguimiento y tutoría cercana de docentes ayudará a que reflexionen críticamente en sus prácticas, posibilitándoles mejorar gradualmente su desempeño, pudiendo ser contratados por la empresa según su desempeño. Otros, han escogido el camino del emprendedurismo con apoyo del centro.

De los múltiples contactos y aprendizajes de las entrevistas sistemáticas con los actores educativos, se desprenden lecciones construidas desde una práctica psicoafectiva. Estas son algunas: El principal reconocimiento que hacen los jóvenes es que la vida les ha cambiado, en tanto son aceptados como personas, con cariño y apoyo de sus educadores.-Su principal aspiración es conseguir un trabajo honrado para apoyar a sus familias; entienden que ello será posible, si logren culminar con éxito cada peldaño de su formación.

En tanto, se sienten más reconocidos y aceptados por su familia y comunidad, al involucrarse en tareas de apoyo comunitario, logran superar la “desesperanza aprendida”. El principal sueño que van haciendo realidad es conformar su propio negocio a partir del aprendizaje del emprendimiento. Sentirse personas queridas, apoyadas y con capacidades, les abre puertas a su propia aceptación y autoestima en su comunidad.

Cada docente posee un compromiso sólido y concienzudo de que su testimonio ante los jóvenes es el mejor currículum. Sus temores se han transformado en un compromiso mayor, alimentando su mayor gratificación de los cambios que logran en los jóvenes.

* Ph. D. Educador e investigador