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El principio de indeterminación de Heisenberg es una especie de Hamlet atónito ante los movimientos de la materia cuántica. Nos manifiesta que lo cuántico es muy diferente del universo ordinario que conocemos. En el marco de la teoría cuántica el vacío no existe y los eventos son fluctuaciones de energía e información que solo pueden ser medidas con titánica precisión si se dispone de un tiempo inmenso y el movimiento de extensas cantidades de espacio.

Si la fuerza electromagnética entre partículas viene determinada por los fotones ¿Porqué surgen?, ¿de dónde emana la energía para crearlos?

La indeterminación de Heisenberg energía-tiempo permite la creación de un fotón con una determinada energía siempre que exista durante un tiempo. El fotón que existe durante un breve instante debido al principio de Heisenberg se le denomina fotón virtual: una partícula subatómica infractora de las leyes de la Conservación. Craig Hogan, físico teórico, director del Centro de Astrofísica de Partículas del Fermilab cree que el mundo es borroso.

No es una metáfora. Si lográramos escrutar las subdivisiones mínimas del espacio-tiempo descubriríamos que el Universo posee un zumbido permanente, como un temblor intrínseco. Sin embargo, esto no se debería a las partículas virtuales que en todo momento crea y destruye el vacío cuántico ni a otra clase de “espumas etéricas” propuestas en el pasado.

¿Es digital el espacio? El murmullo de Hogan pretende detectar si el espacio está compuesto por bloques elementales o bits de información. Ese zumbido implicaría que el universo es digital. A la escala más ínfima, la Mecánica Cuántica y la Relatividad General se han convertido en un desorden impreciso de leyes. No obstante, se hallan ligadas a la teoría informática. Sería la redefinición de las reglas de la física del siglo XXI: Los “unos y ceros” que codifican el Universo.

Algunos científicos, como Bousso, Beckenstein y Kunz afirman que es la información, no la materia ni la energía, lo que constituye la unidad más básica de todo lo existente. La información cifrada en bits minúsculos, a partir de los cuales habría emergido el Cosmos.

¿Cómo detectarla? A diferencia del bosón de Higgs cuya existencia fue predicha por el modelo Estándar y recién descubierta en el Gran Colisionador de Hadrones, LHC, con una inversión de cinco billones de dólares y más de 3000 investigadores de alto nivel, este zumbido digital requiere en comparación, de un presupuesto ridículo: un holómetro de 40 metros para detectar la geometría cuántica de Planck, dos millones de dólares y veinte científicos del Fermilab.

En vez de un costoso LHC que intenta simular el borde del horizonte de sucesos en un agujero negro, en donde algunas partículas desintegradas se convierten en una partícula real: los fotones de la radiación de Hawking. Este holómetro, no recoge esos conjuntos de datos del espacio-tiempo cifrados en rayos gamma o luz infrarroja sino en bits.

Antes, Michelson y Morley en 1887 diseñaron el primer interferómetro anhelando descubrir el legendario “éter”, esas ondas esculturales que se agitan en el espacio. Aquella invisible “substancia” que permea el Universo. Un substrato a través del cual las ondas viajan: la información en bits. La esencia del Universo.

* Médico cirujano