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El primer compromiso vital y estratégico de la sociedad civil nicaragüense con todos los ciudadanos que aspiramos a la realización plena de los derechos humanos, la democracia y el Estado de Derecho, es la construcción de una cultura de paz que es por antonomasia una cultura democrática.

La cultura democrática es aquella que tiene por centro la democracia y esta por soberano al ciudadano.

La democracia puede definirse como un sistema político o un sistema de gobierno, o como un sistema de valores, pero es más que una forma política histórica, es diríamos, una pedagogía de la paz.

En la medida en que la democracia se entienda como una pedagogía conducente a aprender y ejercer la democracia para superar cualquier dictadura e intolerancia, estaremos en el camino correcto y tendremos una actitud digna, indeclinable e insobornable frente aquellos que dicen hablar por el pueblo o por nosotros que es la impostura más grande habida en la historia.

Nadie puede suplantar nuestra voz, delegamos una parte del poder pero no alienamos nuestra voluntad ni nuestros derechos y libertades ante los representantes, sobre todo en este país donde los elegidos se separan de los electores una vez que han alcanzado los cargos.

Nadie nace democrático sino que el ciudadano se educa para la democracia, y en esto la educación nacional o la que puedan darnos las organizaciones de la propia sociedad civil es fundamental para crear una democracia de ciudadanos y no una supuesta democracia directa, máscara del verdadero mal de la historia nicaragüense: el dictador y su cohorte de malvados y malvadas.

Puede incluso crearse una dictadura recurriendo a los mismos instrumentos y leyes de una democracia y de un estado, manipulándolos a favor del autoritarismo o de la figura que pretende erigirse en el dictador. Caer en la apatía o la des movilización de los ciudadanos hace que otros grupos sociales tomen el lugar de los demócratas como es el caso del lumpen. Este es el gran peligro para la democracia, dejar que una camarilla dictatorial de facto gobierne al amparo de las mismas estructuras de la democracia, haciéndonos creer que son demócratas mientras se sostienen con la violencia y se preparan para la tiranía.

Se dice que la democracia es para vivir bien, yo agregaría que es para lograr el mayor bien, es la herramienta de los ciudadanos para construir lo que decimos es el bien común. Nuestra democracia no debe consistir en dádivas o paliativos para las pobres gentes sino en respuestas y satisfacciones completas al pueblo. Esto pasa por la participación en la tarea de democrática de decidir sobre la solución de los problemas estructurales de nuestra economía y sociedad.

La democracia es decidir, elegir, representar, votar, participar, vivir bien, buscar, revocar o crear consensos, imaginar, construir y vivir la paz, es todo eso que se nos niega o se nos conculca de nuestros derechos humanos universales y libertades fundamentales.

La paz es una cultura, no es un simple discurso o una consigna para la propaganda en la televisión. De modo que al transitar de una cultura de violencia y de guerra a la cultura de paz, la sociedad civil tendrá una lucha irreductible por la democracia y la hará sostenible y no la limitará a elecciones nacionales o municipales sino que la extenderá a toda la sociedad y a todas las relaciones que la sociedad teje, tiende o sostiene.

La sociedad civil no es una serie de organizaciones que defienden derechos o reivindicaciones comunales, sino todo ese potencial de personas y ciudadanos soberanos que no humilla la corrupción de un sistema de partidos políticos, por demás obsoletos, ni un grupo de representantes legislativos que no representan más que a sí mismos.

La sociedad civil no es el Estado ni es la familia, es por decir con claras voces el ámbito de las actividades de las gentes, las personas, los ciudadanos que fundan con su participación una cultura de paz en el ámbito local y nacional.

Sin embargo, para crear esta cultura de paz y no violencia se necesita voluntad, instrumentos y un proyecto común que supere definitivamente la vieja cultura política patrimonialista y dictatorial.

* Profesor