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El 13 de agosto, El Nuevo Diario publicó un artículo de Irving Cordero, en el cual, a brochazos aborda conceptos de dictadura de mercado, mercantilismo, libertad económica, colectivismo, felicidad, derecha, izquierda; temas que al final giraron en torno al concepto abstracto de la libertad. La conclusión final a que llega el autor se resume en: “yo estoy en contra de los que están en contra y en contra de los que están a favor”.

Para analizar las ideas vertidas, es imprescindible tener una idea del rol histórico que ha tenido para la humanidad la lucha por la libertad. Es difícil entrar a un debate cuando se obvia que la libertad en todos los tiempos ha estado condicionada y supeditada al poder económico de una clase social determinada.

Algunos idealistas procuran evadir la relación intrínseca que existe entre poder económico y libertad, de tal suerte que en sus elucubraciones se sustraen de la realidad y en forma poética plasman conceptos mitológicos.

Hablan de dictaduras y de dictadores culpan a los individuos por los atropellos a la libertad, ignorando por completo el influjo que ha tenido y tiene la propiedad en la relaciones económicas y políticas de la sociedad.

Desde tiempos remotos el hombre nace libre. Pero en la medida en que toma conciencia de sí, se da cuenta que forma parte de una familia, gens, tribu, comunidad o nación. Esa libertad choca con normas de conducta impuestas, que le restringen el libre albedrio.

La libertad sufre menoscabo con la educación, fundada en costumbres y principios morales, las cuales la persona debe respetar y acatar; si las viola será sancionado; debe entender que hay una autoridad compuesta por un consejo de ancianos o por senadores, magistrados, cónsul, rey, emperador o Presidente de la República.

La libertad sufrió modificaciones. Al hombre se le dio más libertad, dando paso a la servidumbre. El anterior esclavo se convirtió en siervo, ahora tenía un protector llamado señor feudal, éste le da tierras para trabajar, pero del fruto de su trabajo debe entregar las cinco sextas parte de la cosecha y, a él le queda sólo una sexta parte. No puede hacer nada sin la venía del señor feudal. Para casarse debe pedir permiso; cuando la tierra era vendida a un tercero con ello se iba todo lo que había en ella, incluyendo la familia del campesino. Esa era la libertad entre el siervo y el señor feudal.

Pero la libertad siguió evolucionando. Desaparece el siervo de la gleba y el señor feudal, ambos sufren una metamorfosis, el primero se transforma en proletario asalariado y el segundo en burgués dueño de los medios de producción, la tierra, instrumentos de trabajo, maquinaria, etc.

En el nuevo sistema el obrero, aparentemente es libre, porque vende su fuerza a uno que otro capitalista, pero siempre será reo de la clase social que tiene en su poder los medios de producción. El salario que paga el burgués al proletario es el mínimo necesario equivalente para que reponga sus fuerzas físicas y para reproducirse como especie para que continúe sirviendo al sistema.

En el verdadero sentido de la palabra, el obrero no es libre, no goza de libertad, pues para sobrevivir depende de la venta de su fuerza de trabajo. En este modelo quien goza de libertad absoluta es quien tiene el poder económico.

* Abogado y notario