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Managua está condicionada por dos factores antagónicos que ayudan a definirla como la ciudad que es: la existencia de una ley promulgada después del terremoto de 1972 por el presidente en función, en la cual se confiscaban todos los terrenos ubicados en el centro de la ciudad cuyas edificaciones hubiesen colapsado, y por otro, la falta de urbanidad, conocimiento y respeto por las ordenanzas municipales.

La ley promulgada en 1972 generó una cartera de terrenos urbanizados a disposición del gobierno con un potencial impresionante, creando un vacío en la ciudad que sigue presente hasta hoy. Independientemente de los motivos que impulsaron para que se promulgara esta ley, el potencial que se detona a partir de estas acciones no tienen igual en la capital. Si hubiese una inversión profunda dentro del desarrollo urbano se lograrían activar dinámicas que hasta el día de hoy se encuentran dispersas generando una ciudad más compacta y eficiente.

Las fallas en la gestión urbana no permiten ver y establecer estrategias capaces de llenar este vacío creado. Las múltiples fuerzas involucradas en el proceso urbano en el centro de Managua congela la actividad que en él se puede generar; existen planes y estudios elaborados en los que se recomienda reutilizar estos terrenos, pero el Gobierno no tiene capacidad para gestionarlos adecuadamente.

El proyecto urbano debe nacer de una institución (existente o creada para este fin) que sepa controlar todos los factores que inciden en este tipo de actuaciones: leyes municipales, historia, accidentes geográficos, población que habita y habitará este lugar, entre otros; y que guié y controle a un grupo de inversión para conducir de la mejor manera posible su desarrollo. De este modo, un gobierno que no tiene capacidad para desarrollar una zona urbana con gran potencial en la ciudad, a través de una buena asesoría, se puede convertir en un gestor que permite fluidez dentro de la misma.

Diferentes experiencias a nivel mundial han demostrado que nos encontramos en un caso en el que es necesario establecer una estrategia clara, concisa y eficiente para desarrollar Managua. Casos como el de Puerto Madero en Buenos Aires, en los que se mezcla la gestión urbana por parte de sectores públicos así como inversiones de carácter privado han resultado verdaderos ejemplos, generando ciudad a partir de zonas deprimidas y subutilizadas.

Parques, centros culturales, teatros, museos, centros turísticos, administración pública, centros comerciales, hospitales y centros deportivos, todos estos equipamientos están ya presentes en el Área Central de Managua, lo más importante es lo que falta, vivienda, comercio, densificación. Al densificar y aprovechar la infraestructura y los equipamientos existentes potenciamos una ciudad más eficiente, las distancias entre los destinos se reducen, se gasta menos energía, se reduce el transporte público y privado, por lo tanto se contamina menos y se trabaja sobre una sociedad más saludable y en la que habría que invertir menos.

Asimismo, debemos vencer viejos mitos sobre los desastres naturales, si bien el área central de Managua tiene fallas geológicas localizadas, también el resto de los nuevos asentamientos urbanos, como las urbanizaciones en carretera a Masaya por ejemplo, poseen estas fallas; la diferencia es que no se encuentran localizadas o son menos famosas entre los capitalinos, pero eso no los exime de una desgracia en caso de una catástrofe. Además, se deben reforzar los manuales de construcción aprobados y cumplirlos para poder hacer frente a nuestra condición de ciudad vulnerable a movimientos telúricos.

El miedo a la altura es uno de los mitos más grandes que frena el desarrollo de una Managua más densa. Basta con ver el horizonte en Managua, la ciudad se extiende cada vez más y por lo tanto se contamina más suelo que puede ser aprovechado de otra manera.

Es sabido por instituciones públicas y privadas que el nuevo fenómeno de conurbación con la ciudad de Masaya está contaminando el manto acuífero del cual nos abastecemos día a día.

Basta voluntad y acciones concretas para generar ciudades más eficientes. Existen ciudades latinoamericanas como Curitiba que han sabido mejorar, ciudades que sirven de ejemplo en todo el mundo, y que han demostrado que es posible un cambio siempre y cuando haya voluntad para hacerlo.

* Arquitecto