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A tres meses de las elecciones municipales todos los ciudadanos nicaragüenses deberíamos hacernos esta pregunta, ¿vale la pena votar?

En 2006 el moviendo Juventud por la Democracia de Nicaragua, Judenic, realizó una campaña cívica denominada: Rompé el Silencio: Votá, con el propósito de motivar a los jóvenes nicaragüenses a ejercer su voto en las elecciones presidenciales de ese año, en las cuales terminó electo el comandante Daniel Ortega.

Seis años después de esa campaña aún recuerdo los spots publicitarios transmitidos en los diferentes canales de televisión, en los que artistas y personalidades jóvenes nicaragüenses motivaban a la juventud del país a participar en las elecciones y hacer democracia.

Desde ese entonces y tomando en cuenta una serie de altercados que sucedieron en las diferentes elecciones municipales, e incluso también la última elección presidencial en 2011, han surgido una serie de interrogantes que ponen a muchos en tela de duda si es tan necesario votar o no en las elecciones municipales de este próximo noviembre.

Respecto a esto existen una serie de indicadores. Algunos casi señalan quién ganará las elecciones en noviembre, por ejemplo: reformas a la Ley de Municipios (Ley 77) en este año electoral, lo primero que se puede pensar es que se ejecutaron para el beneficio del partido de gobierno respecto a los comicios.

Por otro lado, la ilegal reelección del actual presidente Ortega en 2011, tras la violación de la disposición establecida en el artículo 147 de la Constitución, después que no consiguió los 56 votos de los diputados para aprobar la reforma electoral; se convirtió en otro indicio de la carencia de orden político que existe en el país.

Asimismo, luego de la reelección del comandante Ortega, se dieron una serie de ratificaciones de poder otorgadas por el mismo; en ese mismo año vencía el mandato al frente de la Policía Nacional por parte de la comisionada Aminta Granera, pero a la fecha este personaje sigue al frente de la institución por orden del Presidente, convirtiéndose en el primer jefe policial que se reelige desde que se creó la Policía en 1979.

Otro ejemplo claro es la reelección de los alcaldes y alcaldesas en los diferentes municipios en el país, como es el caso de Managua con la reelección de la actual alcaldesa Daysi Torres, quien para muchos es indudable su triunfo en los próximos comicios electorales.

Por lo anterior me pregunto, si realmente vale la pena votar, tomando en cuenta que es casi inapelable el triunfo del partido de gobierno, por lo menos en la gran mayoría de municipios del país.

Reelección tras reelección, altercado tras altercado en las elecciones, un Consejo Supremo Electoral con bajo índice de credibilidad que es señalado y exigido ser cambiado por ser partícipe de transacciones ilícitas, y unos pobres ciudadanos que son marginados por exigir sus derechos de manera pacífica frente a la institución… Viendo nuevamente el panorama me pregunto: ¿valdrá la pena votar?

A mis escasos 19 años he comprendido que, más que un fanatismo político (sin señalar ninguna bandera partidaria), más que el seguimiento de una tradición política familiar y más que dejarse llevar por el beneficio otorgado al instante; entendí que es sustancial criticar lo malo, aplaudir lo bueno y exigir mis derechos haciendo oír mi voz.

Yo no puedo decidir por nadie ni ordenarles si deben o no votar, tampoco puedo ni quiero decirles por quién lo deben hacer, pero sí dejo sobre la mesa esta pregunta en la que todos debemos reflexionar: ¿nuestro voto logrará hacer un cambio en el país o lo hundirá más en el consumismo político de poder en el que todos estamos inmersos?

* Estudiante de Comunicación