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El recién pasado V Congreso del FSLN, fue convocado para ponerle una losa a las demandas de la base de escoger a sus candidatos y candidatas a las elecciones municipales y al repudio expresado por estos a candidatos escogido por los Ortega, por ineficientes y corruptos.

Con el objetivo de acallar las protestas internas, Ortega se desgarró las vestiduras hablando del “Proyecto”, de librar una batalla electoral, más allá de los individuos y las personas. Una batalla, dijo, no a favor de nombres y apellidos, por que “todos somos transitorios”.

Curiosos argumentos. El propio Ortega y su esposa se han colmado de publicidad y culto a la personalidad, haciéndose aparecer como los consagrados, los predestinados, los únicos, los permanentes y eternos líderes. Ortega se ha entronizado en el FSLN, sin permitir respiro de nadie más que de su familia. Y desde hace más de 25 años ha hecho de todo, para asegurarse ser el candidato vitalicio de su partido, pretendiendo ser también el gobernante vitalicio de Nicaragua, el dictador vitalicio.

Así que hay dos categorías claras en el orteguismo: “los indispensables”, personas que encarnan el “Proyecto”, es decir los Ortega Murillo y “los prescindibles”, aquellas mujeres y hombres que quieren ser candidatos, pero que para su desgracia no gozan del favor de la mirada de la familia Ortega, la que, en definitiva, decide quiénes son apuntados en la lista y quiénes no.

Para no dejar dudas, en su discurso, Ortega les advirtió a los que han protestado, que la “victoria” electoral no la va a alcanzar Pedro Pérez o Juan López. Y en esto sí dijo la verdad. La “victoria electoral” del orteguismo no requiere de buenos candidatos y candidatas pues, de todas formas, las cuentas ya están hechas a su favor.

Solamente los partidos que se acogen al fraude electoral o a los pactos, desprecian los procesos de elección democrática de sus candidatos. Los que cocinan el resultado de las elecciones en sus oficinas no necesitan poner atención a candidaturas, no necesitan poner atención a los votantes.

El V Congreso sirvió para ponerle la tapa a las quejas internas de “los prescindibles”. Fueron esos los grandes perdedores. Aunque dentro del FSLN hay quienes afirman que también R. Murillo, “una indispensable”, fue otra gran perdedora, pues no pudo ser nombrada vicesecretaria del partido en sustitución de Tomás Borge, lo que la consagraría como sucesora de Ortega.

Con esos resultados, solamente se puede esperar que continúe la irritación interna de “los prescindibles” y la irritación de “la indispensable”.

* Historiadora