•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

Uno de los principales dilemas en que transita la formación del periodista en las universidades, es la industria de la nota roja. Este nuevo escenario supone replantear la cátedra de ética profesional puesto que ya no sólo se trata de debatir sobre el periodismo militante, publi-reportajes, etc., sino también resulta urgente ampliar la discusión sobre la nota roja.

Disuadir al futuro profesional para que se abstenga de pertenecer a la industria de la nota roja, no es tan sencillo, sobre todo por el fenómeno de la pantallización.

Los nuevos profesionales saben que la vía más rápida de hacer nombre es por medio de la televisión y el rating. Dos requisitos que caracterizan a la nota roja. Diversos estudios sobre consumo de medios confirman que la nota roja es la información más demandada, no sólo en Managua, sino también en el interior del país.

La nota roja fábrica celebridades. Contrario al trabajo de muchos años que algunos periodistas se han hecho en el país para ganar reputación y reconocimiento social, irónicamente la nota roja en pocos meses hace que sus presentadores o reporteros se vuelvan toda una celebridad. ¡Inclusive, en los centros comerciales muchos de estos presentadores suelen tomarse fotos y dar autógrafos!

Muchos estudiantes sedientos de fama, más que compromiso social, conocen muy bien este fenómeno, inclusive por eso prefieren especializarse en televisión. Aunque el fenómeno no es reciente.

El periodista Carlos Monsiváis, en su ensayo ¿Qué es escribir bien? advertía sobre esta crisis en las escuelas de periodismo, ahora la pauta la marcan los espacios de nota roja.

La nota roja es toda una industria. Su modelo sigue la misma lógica de la industria cultural (cine, talk show, series, parodia, etc.), poco o nada le interesa fiscalizar al poder, y fija su interés en formar consumidores, causando necesidad de ver espectáculos.

Las gratificaciones están marcadas por lo estético, la diversión y escape de la realidad. Mostrar cómo quedó desbaratado el vehículo y el conductor en la carretera es más gratificante que conocer cuál será la suerte de la reforma al Seguro Social.

La nota roja se vende como espacio popular que intentan darle voz a los barrios, pero en la práctica lejos de hacer periodismo ciudadano, continúan subordinando a las audiencias obligándoles a ver una agenda impuesta, cuyo discurso se caracteriza por naturalizar la inseguridad y la violencia. Y lo más grave aún, es que esta información no queda en el vacío. “Los mensajes de nota roja luego tienen una influencia en la vida cotidiana” (García Dueña: 2009).

Aunque lo más cómodo es voltear la mirada y decir que no se está formando periodistas para ir a engrosar las filas de la industria de la nota roja.

La industria de la nota roja plantea una serie de desafíos a las escuelas de comunicación. La academia debe continuar insistiendo en las prácticas de autorregulación periodística, hacer uso correcto de la libertad de expresión sin dañar el derecho de imagen, privacidad y burlarse de terceros.

La tarea más difícil de las escuelas de comunicación es salir de las aulas de clase y abrir un debate a fondo con diversos actores: dueños de medios de comunicación, agencias de publicidad y empresarios.

Se necesita poner un alto a la cultura del espectáculo y la violencia que solo atenta con el desarrollo humano, proyectando una imagen país de una sociedad enferma que continúa estancada en violencia y analfabetismo.

Para contrarrestar esta industria, se necesitan esfuerzos articulados no sólo de las escuelas de comunicación, sino también de los organismos de Derechos Humanos, niñez, mujeres, jóvenes, etnias, y Procuraduría de Derechos Humanos, medios de comunicación y la empresa privada debe ser coherente con su discurso de responsabilidad social.

Si el discurso de la nota roja ha tenido eco en una gran masa acrítica, es precisamente porque se necesita formar una opinión pública madura. Una de las tantas acciones de comunicación, debe ser una campaña donde se enfatice que la nota roja viola los derechos humanos. Llegó de la hora de pasar a las acciones y contribuir a formar opinión pública crítica hacia los medios de comunicación que están haciendo mal uso de la libertad de expresión.

* Comunicólogo y docente universitario