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En el canal de cable Discovery kids, hace unas semanas empezó a transmitirse un comercial de una nueva muñeca, su nombre es Little Mommy. La publicidad promueve que la niña humana cumpla con el papel de madre de esta niña plástica. En un anuncio se observa que una niña mientras desayuna le pide a la mamá que le cuide a la muñeca y la madre sonríe con satisfacción.

Otra escena presenta una niña que antes de entrar a una clase de ballet entrega a su madre la muñeca mientras le da instrucciones de cómo cuidarla. Hace un rato había identificado a estas niñas plásticas en el área de juguetes de SIMAN en Galería Santo Domingo; existen de diversos tipos, para enseñar a defecar, para dormirlas y para alimentarlas.

Me llama la atención el nombre Little Mommy, haciendo alusión a que se trata de una representación sintetizada y a pequeña escala de la labor magistral de la madre en cualquier sociedad. Otra publicidad que se ubica en la misma línea, trata de una niña plástica bebé que crece. Esta lógica de mercancía permite que la niña madre, ante el beneplácito materno y paterno, pueda acompañar a su hija plástica mientras esta aprende a caminar.

No todas las familias del país cuentan con más de 20 dólares para comprar una de estas niñas plásticas, pero lo interesante de la publicidad es que retoma dinámicas de juego entre la madre-hija-niña plástica que ya existen y que se construyen a partir de los imaginarios de la infancia, feminidad y afectos.

En una casa la niña plástica es un habitante más, la programación genérica a través del juego de roles enseña a la niña que cuide a la muñeca, que la pasee en su coche por el barrio y que la duerma. Se le entrena de esta forma a ser madre cuidadora de otros/as, responsable de la esfera de los afectos.

La influencia de los modelos familiares de género y las expectativas masivas desde la publicidad que se genera hacia los cuerpos, no permiten que se construyan niveles altos de resistencia ante este proceso de programación.

Mientras la niña está aprendiendo cómo ser una Little Mommy, su autonomía, autodefensa y seguridad no son promovidas. El sistema familiar al que pertenece no ve importante enseñarle a cuidarse de manera clara y directa de las agresiones que apuntan al cuerpo con el que nació.

En Camboya, Lidia Cacho estudió el tráfico sexual de niñas de 4 a 12 años. A las de 4-10 años en la primera noche la matrona les enseña un dildo, que circula por cada una para que le hagan sexo oral. Estas niñas son buscadas por hombres mayores para sexo oral, principalmente extranjeros. La cantidad de clientes por día va de 10 a 20.

Nicaragua es uno de los países catalogados como punto de origen y destino del tráfico sexual infantil. Mientras se ven noticias en los diarios de niñas y niños desaparecidos, las familias siguen enseñando las ficciones genéricas que aportan al subdesarrollo de la autonomía y las habilidades personales de niños y niñas. El parque de Granada y La Calzada contienen diversos cuerpos de niñas que mientras platican con su comprador sexual reprograman su deseo al mejor postor.

Hablar de abuso-violencia sexual y de violencia de género es clave en cualquier espacio, y sobre todo en un campo minado como las familias. Hacerlo desde la narrativa del miedo y prohibiendo las salidas de las niñas no explica la realidad de violencia hacia los cuerpos y la necesidad de construir estrategias ante esta situación.

Es necesario profundizar porqué no deben hablar con extraños, llamar a las partes del cuerpo con su nombre: pene, ano, vagina, clítoris, y sensibilizar en torno a lo importante que es vivirlos con autonomía y no con esclavitud. En las niñas se condena la autoexploración manual del clítoris o de la vagina y en los niños se pervierte esta misma exploración del pene y los testículos.

Sin embargo esta misma atención debería transferirse a construir en conjunto con niños y niñas estrategias ante el acoso sexual, el abuso sexual y la violencia de género. Sería más seguro y más alegre ser menor de edad en un mundo que no juzgue la autoexploración de los menores, sino que atienda la necesidad de enseñar a que se protejan ante la violencia sexual a la que sus cuerpos y sus identidades están expuestos.

http://gabrielakame.blogspot.com/

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