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El Instituto Nicaragüense de Seguridad Social, INSS, la más floreciente empresa nacional, es la caja chica menos chica de todas las que cuenta el Gobierno de la República para el uso y el abuso cotidiano de una administración pública corrupta, que dispone a discreción, del dinero de las cotizaciones de los trabajadores, especialmente de los que, para su desdicha llegan a la vejez, para ser administrado por el Estado como si fuese un botín de su propiedad.

Esto reduce la justicia social a la simple y deleznable situación paternalista en la que se trata a los asegurados no como sujetos de derecho, a quienes ampara la ley en sus justas demandas, sino como simples mendigos que deben comprender que lo que reciben en compensación por sus cotizaciones se debe únicamente a la bondad paternal del “Compañero Daniel” y la sublime caridad de la “Compañera Rosario”, quienes siempre están prestos, con sus láminas de zinc, mochilas y otras baratijas, para favorecer al pueblo necesitado, especialmente a los ciudadanos afiliados a los Comités del Poder Ciudadano CPC, brazo derecho del partido danielista y fuerza de choque en sus menesteres políticos.

Escribo el presente artículo en mi carácter de trabajador jubilado de la tercera edad y, en mi propio nombre y representación, me veo obligado a elevar mi voz para dejar sentado lo siguiente: Soy Sergio García Quintero, asegurado número 08032, paciente de cardiología y portador, después de una complicada cirugía pectoral, de un desfibrilador que, lógicamente, no me facilitó el Seguro Social, ya que cada dos meses, después de practicárseme por el cardiólogo de turno en el Hospital del Adulto Mayor un riguroso y exhaustivo examen médico, que a veces dura hasta tres minutos, se me siguen prescribiendo las mismas medicinas y en las mismas dosificaciones que me fueron recetadas desde hace tres años en el Hospital Manolo Morales, por el prestigioso médico cardiólogo, Doctor Guillermo Pérez.

El drama continúa para todos los jubilados que llevamos nuestras recetas a la Farmacia Simón Bolívar, del Seguro Social, para que nos sean despachadas las medicinas correspondientes y evitarnos interrupciones en la medicamentacion y en los tratamientos. Y allí, en la farmacia, toma impulso el calvario a que somos sometidos los pacientes: una larguísima espera, en un lugar cerrado, sin aire acondicionado, abanicos ni cartones para soplarse; bajo una gigantesca claraboya de cristal en el techo que filtra el resplandor y el sofocante calor que, en más de una oportunidad ha producido en algunos ansiedad, desesperación, desvanecimientos y convulsiones.

Después de esa tortuosa espera, cuando ya uno perdió la cuenta del martirizante tiempo que ha pasado, con desfalleciente alegría escucha uno su nombre, indicándole la caja a la que debe acercarse para hacer fila; pero la alegría pasa fugaz y se extingue en el mismo momento en que la encargada manifiesta que de la receta solo van a proporcionar las medicinas que hay en existencia, y las que faltan vayamos a buscarlas a la farmacia del INSS de la Colonia Centroamérica, donde, también después de una larga espera, nos dicen lo mismo; y toma allí más impulso el inhumano “boleo” que lo hace andar a uno “de la seca a la meca”, mientras inexorablemente van transcurriendo los quince días de validez de la miserable receta causante de tanta desgracia.

Yo no conozco el nombre del director de esta jugosa empresa estatal, industria o comercio, que debería llamarse Instituto Nicaragüense de Seguridad Social S.A, pero estoy seguro que tiene alguno, así como sus principales colaboradores, que no creo se sientan tan orgullosos del triste papel que desempeñan. Pido a Dios que lleguen con vida a la tercera edad, pero, en homenaje a la posibilidad de que algunos de ellos se hubieren mantenido honrados en sus cargos y no hayan acumulado las fortunas que actualmente la mayoría ostenta, puedan disfrutar con dignidad los beneficios que les corresponden en estricto derecho, sin recibir como dádiva, regalía o pago por la venta del decoro y su conciencia, lo que legítimamente el Estado tiene la obligación de concederles en justicia. La Nicaragua “socialista, cristiana y solidaria” así lo garantiza. Amén.

*Abogado